¡Y dale con LO Del amor!
El
primer mandamiento encierra a todos los demás, incluido el segundo(amor
al prójimo), porque quien ama a Dios ama necesariamente a los demás
humanos por obediencia al Señor, por imitación del Señor y porque
el Señor los ama; la obediencia, la imitación, el amor a lo que el Señor ama,
forman parte del amor por necesidad, pues cuando el amor se dirige a
Dios, el único perfecto; a Dios, a Él sólo se le puede amar con un
amor perfecto, puesto que el amor no puede desarrollarse de una manera
plena, perfecta, más que en Dios.
Recordemos
el pasaje evangélico en el que el Señor lo señala expresamente a una pregunta de
un Maestro de la Ley, y menciona particularmente al segundo mandamiento
en relación al amor al prójimo (Mateo 22, 34-40). ¿Por qué?
Precisamente porque, al estar contenido por necesidad en el primero, le está tan íntimamente unido, que constituye su rasgo visible, su signo exterior.
El amor a Dios se reconoce poco desde fuera; es fácil hacerse ilusiones sobre él, creer poseerlo y no tenerlo. Mejor, consideremos el amor que tenemos al prójimo y podremos reconocer si tenemos amor a Dios, puesto que son inseparables y crecen y decrecen juntos en la misma medida.
El
amor que tenemos al prójimo se conoce sin dificultades; lo constatamos
cada día por los pensamientos, por las palabras, por los hechos que hacemos y
por los que omitimos; es fácil saber si hacemos por el prójimo lo que
quisiéramos que hicieran por nosotros, si lo amamos como a nosotros mismos, si
vemos en él al Señor, si lo tratamos con todo el amor, la ternura, la compasión,
el respeto y el deseo de bien que debemos a los miembros de Jesús
Autor: Ch. de Foucauld, Obra: “Meditazioni sui passi evangelici relativi a Dio solo: fede, speranza, caritó”, Roma 1973