VIDA

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Al iniciar la última etapa de la Cuaresma y ante la proximidad de la Pascua, más concretamente la celebración de la pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, comienza a sentirse este espíritu en las celebraciones de la Liturgia. En este tramo final de la Cuaresma, no debemos olvidar que la conversión no es algo que conseguimos por nuestro empeño, sino más bien es una transformación que Dios opera en nosotros en la medida en que lo dejamos. Dios es el protagonista central de nuestra conversión.

Dios nos saca de nuestro pecado para ponernos junto a Él del mismo modo que sacó al pueblo judío del exilio y lo restableció en la tierra prometida.

El evangelio de domingo quinto de cuaresma para el ciclo “A”, nos ofrece la narración de la resurrección de Lázaro descrita por san Juan. Lázaro, el hermano de Marta y María, se encuentra enfermo. Jesús es avisado de esto. Sin embargo, Jesús tarda en ir a Betania y Lázaro lleva cuatro días enterrado cuando él llega. En este momento Jesús muestra su lado más humano al llorar por la muerte de su amigo. Pero después manifiesta su poder divino devolviéndole a Lázaro la vida.

Que Jesús resucite a un muerto, a Lázaro en este caso, significa que Jesús tiene poder para dar la vida. Y como consecuencia esto nos debe llevar a reconocer que Jesús es el Mesías, el enviado de Dios pues solo Dios tiene poder sobre la vida y la muerte, solo Dios da la vida y la quita.

Pero Jesús no sólo se presenta como dador de vida sino como la misma vida. Yo soy la resurrección y la vida, dirá Jesús en el evangelio. Jesús es realmente la vida verdadera pues él da sentido a la vida, pues él nos ofrece un modo de vivir diferente. Jesús nos entrega una vida en plenitud, una vida que permite que la persona se desarrolle en todas sus dimensiones aquí y ahora, y una vida que no termina con la muerte sino que se prolonga para toda la eternidad. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá.

Por otra parte, en el evangelio de la resurrección de Lázaro descubrimos el lado humano de Jesús que llora por la muerte de su amigo. Sin embargo esta acción tan humana va acompañada de un hecho plenamente divino: devolver la vida a un muerto. Jesús-hombre y Jesús-Dios no son dos personas diferentes, sino una única persona. No debemos olvidar esta unidad, principalmente en estos días en los que la religiosidad resalta más el lado humano de Jesús.

Las lecturas de los últimos domingos de Cuaresma nos presentan un modelo de transformación interior, por el que nosotros, impulsados por la gracia del Señor, nos movemos hacia la fuente del agua y de la luz, que es Cristo; para recibir de Él la plenitud de la vida.

Jesús sabe y quiere demostrar que la muerte puede ser vencida. Por eso desde el principio, cuando se entera de la enfermedad mortal del amigo, comenta a sus discípulos: «Esta enfermedad no es de muerte; es para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella».

Sin embargo, el punto culminante del relato lo constituye la solemne afirmación de Jesús, en respuesta a las palabras de Marta: « Yo soy la resurrección y la vida; El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» (Jn 11,25-26). Jesús es "la resurrección" no sólo porque resucita a Lázaro, sino sobre todo porque va a resucitar El mismo y será fuente de resurrección para todos nosotros.

Él es resurrección porque es «la vida»; es decir, porque es la fuente de donde brota la existencia de todo ser creado.

Pero es claro que eso es posible solamente bajo la condición de «creer» que Jesús viene de Dios, que es el autor de la vida. La fe es la que hace que la resurrección actúe ya en todo verdadero discípulo de Cristo, sin esperar a que llegue el último día, como afirma el mismo Señor.

Ojalá nuestra participación en la Eucaristía avive en nosotros esa fe, que nos hace recibir de Jesús el agua que brota para la vida eterna, la luz y la vida.

Inspirada en las reflexiones propuestas por JOSÉ ANTONIO GOÑI y CARLOS SOLTERO, S.J. en Actualidad Litúrgica de Marzo-Abril de 2008, editada por Buena Prensa.