UNA PARTICULARIDAD DE LA PLEGARIA VOCAL

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Escribe el Cardenal Martini:

«Hace muchos años me hospedé durante una semana en un monasterio greco-ortodoxo en el Monte Athos, y naturalmente durante ese periodo, participé en la vida de oración que tenían establecida.

Así, nos levantábamos a las dos de la madrugada y, tras una hora de oración en la celda, bajábamos al coro para la recitación de los salmos, la cual se prolongaba hasta las seis o las siete de la mañana. Se recitaban rápidamente, no se llegaba prácticamente a comprender nada, como cuando se reza en las sinagogas.

Al principio estaba perplejo, pero al tratar después de conocer mejor la espiritualidad de las Iglesias orientales, comprendí los valores de este modo de orar.

Para los orientales simplemente el pronunciar la palabra de Dios purifica la boca y el corazón. Pienso, pues, que en algunos momentos, en algunos casos, especialmente cuando estamos preocupados, atrapados por muchas cosas y nos viene el deseo de dejarpor ejemplo, el rezo de la liturgia de las Horas, es importante recordar que la sola recitación de las palabras purifica nuestra lengua, nuestra boca y nuestro corazón.

Ocurre como con un terreno, en donde las flores de la oración crecen por obra del Señor. Nosotros ofrecemos el terreno y también esto es un modo de rezar con devoción.

Hay pues, modos y tiempos diversos de orar y el Señor nos sugerirá, en su momento cuál es el más idóneo para la actitud interior o para el estado de ánimo en el que nos encontremos en cada situación particular».

Por lo demás, es lo que sucede normalmente en el rezo del Rosario: no se pone atención a cada expresión del Ave María, sino que la repetición purifica el corazón, da tranquilidad y paz.

Extractada del libro “El Deseo de Dios. Rezar los Salmos” de Carlo Maria Martini, EDICEP, Valencia 2004