UN
CRISTIANO NO PUEDE MENOS
QUE SER OPTIMISTA
«Nosotros
somos ciudadanos del cielo, de donde esperamos como Salvador
a Cristo Jesús»
Flp
3, 20
Como
católicos, con frecuencia somos
criticados como
demasiado «doloristas», como si nos gustara mucho ver a ese Cristo
sangrante y dolorido colgado de la cruz. En muchos de nuestros
templos encontramos alguna vitrina en cuyo interior hay un Jesús
tirado en el suelo, con manto púrpura, apenas capaz de abrir los ojos
entre tanta sangre, dolor y espinas enterradas en la frente. A mí esa imagen
- y el fuerte mensaje que comunica no
me asusta.
Quizá yo estoy demasiado acostumbrado a verlo.
Lo
importante aquí es considerar qué
consecuencias tiene esa penetrante imagen en la conciencia de los cristianos
que la presencian. Qué mensaje y comunicación profunda perciben
en esa imagen que casi pueden tocar a través del cristal.
A
algunos, como a mí, nos llevará a pensar que efectivamente el sufrimiento
de Cristo durante la pasión fue inmenso. Pero no nos gustará quedamos
mucho ahí sino que seguiremos adelante para comprender que
ese dolor y humillación tuvieron sentido. Nuestra percepción del mensaje
de esa imagen será que, no obstante las dificultades encontradas en el camino,
saldremos victoriosos junto con Cristo.
Para
algunos otros en
cambio, el mensaje del Cristo sufriente dentro de la vitrina tendrá una
acogida diferente. Parados frente a la magnitud del sacrificio y del dolor de
Cristo, estos receptores del mensaje comunicado se quedarán con
la imagen del salvador derrotado y humillado. Serán incapaces de dar el
siguiente paso a la victoria y la resurrección. Entenderán que la vida
es dolor constante, que si a Dios le fue como le fue, a nosotros, por lo menos,
no nos espera más que un ininterrumpido sufrimiento aquí en el mundo.
«Dichoso el que lea y los que escuchen las palabras de esta profecía y guarden lo escrito en ella, porque el Tiempo está cerca» Ap 1, 3
El
Apocalipsis, ese libro tan misterioso para algunos,
nos los dice claramente: el cristiano ha de estar dichoso de
tener tantas y tan alegres revelaciones a la mano. La comunicación compartida
por Dios y Juan y vertidas en el último libro
de la Biblia son para «ponernos a brincar
de alegría».
Aquí
también podemos interpretar el mensaje de dos formas diferentes: el fin del
mundo y
el juicio final inmisericorde que se ciernen sobre el mundo... o la Nueva
Jerusalén de un Dios amoroso que nos
presenta la esperanza de un reino como nunca antes lo hubo y en donde seremos
uno con Él.
Después
de encontrarse con Jesús y su mensaje de salvación, el cristiano no puede
menos de ser optimista. He ahí uno de los mensajes más importantes de la
revelación. El
optimismo del cristiano se basa en un Dios de esperanza y de amor. Un
Dios que camina junto a nosotros en nuestra vida por esta tierra y quien,
sin quitarnos la carga y el dolor, nos la hace no sólo llevadera sino
digna de disfrute.
¿Qué
mayor prueba de esto que las palabras de Jesús al final del Evangelio de Mateo?
«Y
he aquí que Yo estaré
con vosotros todos los días hasta el fin del mundo»
Mt
28, 20
¿Cómo
no ser optimista cuando es Jesús el que camina a mi lado, el que
me habla? ¿Cómo no ser capaz de ver lo bueno de mi vida, de mis circunstancias,
de mis logros vistos a la luz de las palabras de Jesús?
¿Cómo
no sobrellevar la enfermedad, la pérdida, la muerte cuando sé que
Jesús triunfó aún como víctima de las mismas adversidades que yo enfrento?
Quizá
ese Jesús cercano, hermano se nos ahoga en la sangre
de la vitrina y en
ese «miedo a Dios» tan mal entendido. Sólo encontrándome
verdaderamente con Jesús, lograré ser un cristiano optimista,
lleno de Dios. dichoso.
Ese
encuentro con Jesús
parecería algo
demasiado complicado si
no empezamos por creer que Él realmente triunfó, resucitó
y sigue aquí en medio de nosotros comunicándonos su palabra Yo
creo que lo complicado
es
que
ese encuentro con Jesús no se da igual
en todas las
personas ni en los
mismos
lugares, ni a través de los
mismos acontecimientos, ni
por los mismos procesos o medios de
comunicación.
Si
abro bien los ojos y el resto de los sentidos a la
presencia de Dios en mi vida, -
haciendo a un lado la infinidad de otros mensajes que insisten en
interponerse a este intento de Dios de comunicarse
conmigo - con seguridad El se hará
presente.
¿De
dónde proviene esta certeza? Del Evangelio de Juan:
«No
me habéis elegido a mí, sino yo a vosotros»
Jn 15, 16
No
me queda más que aceptar el reto de ser un cristiano optimista cuando
me sé elegido por Dios. Algo debo de tener de bueno, algo de valor debe haber
en mí, algún proyecto en los designios de Dios para
que Él me diga que me ha elegido.
¿Para
qué? Para seguirlo, para comprometerme
con Él, para transmitirlo a mis hermanos. Un cristiano optimista
comunica a Jesús con entusiasmo, lo comparte mejor con otros,
se ha encontrado real y verdaderamente con Él.
Claro
que tengamos en cuenta que el
optimismo sin acción pierde credibilidad.
Nuestro optimismo no
es un concepto mental que guardamos
escondido en nuestras cabezas.
Debe ser una forma de vivir
y de actuar que muestre a los demás nuestro
compromiso con Cristo, que comunique a
los demás que vale la pena ser un
cristiano optimista.
Para
lograr esto la comunicación
y el testimonio son
esenciales. La manera en la que
confronto las situaciones difíciles
de mi vida, viendo
oportunidades
y luces en donde nadie
parece ser capaz de ver algo positivo, habla
de mi testimonio cristiano.
La
forma en la que consuelo
a los demás, trabajo por ellos
y sobrellevo la adversidad hablan
de un optimismo cristiano cimentado
en la comprensión del
mensaje de Jesús y en la puesta
en acción de ese mensaje.
Pero
cuidado, el optimista no se imagina
mundos inexistentes. Es muy
realista y percibe las
dificultades y las adversidades, pero
es capaz de imprimirle a esa visión
una luz de esperanza que lo llevan
a acciones concretas para superarlas.
Vale
la pena preguntarnos qué tipo
de mensaje cristiano damos a
los demás. ¿Somos de esos que
sufren porque Cristo sufrió y
ya? ¿O somos de aquellos que, apropiándonos
del mensaje de Jesús,
somos capaces de comunicar aun
Cristo vivo, actuante, salvador, optimista?
He
aquí uno de nuestros mayores
retos comunicacionales: transmitir
a Jesús con palabras y
testimonios que nos dirijan a ese
llamado del Apocalipsis a ser dichosos
como cristianos con la certeza
de que Dios nos ama y seremos
salvados por Él.
Como
en otros retos de comunicación que
afrontamos en la vida cotidiana,
aquí necesitamos mucha práctica
y mucho compromiso para
entender que hoy en día no basta
ser cristiano y ya, hay que ser
un cristiano informado, comprometido,
evangelizador, alegre... y optimista.
Basado
en el artículo «Un
cristiano no puede menos que ser optimista»
de Carlos Navarro Fernández, aparecido en la revista «La Cruz»
número 999, órgano de difusión de los Misioneros del Espíritu Santo.