ULTIMA CENA
El discurso de Jesús en la última cena fue una conversación en un clima de amistad, de confianza y, a la vez, el último adiós, que nos da abriendo su corazón. ¡Cómo debió de esperar Jesús esta hora!
Era
la hora para la cual había venido, la hora de darse a los discípulos, a la
humanidad, a la Iglesia. Las palabras del Evangelio de San Juan, rebosan una
energía vital que nos supera.
El memorial de Jesús -el recuerdo de su cena pascual- no se repite en el tiempo, sino que se renueva, se nos hace presente. Lo que Jesús hizo aquel día, en aquella hora, es lo que él todavía, aquí presente, hace para nosotros.
Por eso no dudamos en sentirnos de verdad en aquella única hora en la que Jesús se entregó a sí mismo por todos, como don y testimonio del amor del Padre.
Nosotros, por consiguiente, debemos aprender de Jesús, que nos dice: «Os he dado ejemplo... ». Debemos aprender de él a decir siempre «gracias» y a celebrar la eucaristía en la vida entrando en la dinámica del amor que se ofrece y sacrifica a sí mismo para hacer vivir al otro.
El
rito del lavatorio de los pies tiene como finalidad recordarnos que el
mandamiento del Señor debe llevarse a la práctica en el día a día: servirnos
mutuamente con humildad. La caridad no es un sentimiento vago, no es una
experiencia de la que podemos esperar gratificaciones psicológicas, sino que es
la voluntad de sacrificarse a sí mismo con Cristo por los demás, sin cálculos.
El amor verdadero siempre es gratuito y siempre está disponible: se da pronta y totalmente.
Basado en la “Lectio Divina. Tiempo de Cuaresma y Triduo Pascual” de Editorial Verbo Divino, Navarra 2004