«TU ERES EL MESÍAS»
«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».
Jesús le dijo:
«Dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre, que está en los cielos. Yo te digo: tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del abismo no la hará perecer».
«Te daré las llaves del Reino de los Cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».
Mateo 16,16ss-19
La
confesión de Pedro es un texto de gran importancia para la vida del cristianismo
y se compone de dos partes: la respuesta de Pedro sobre el mesianismo de Jesús,
Hijo de Dios, y la promesa del primado que Jesús confiere a Pedro.
La opinión de la gente del tiempo de Jesús reconocía en él a un profeta y a una personalidad extraordinaria. La opinión de los Doce, en cambio, es la expresada por la confesión de fe de Pedro: Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios. Ahora bien, esa revelación es fruto exclusivo de la acción del Espíritu Santo, «porque eso no te lo ha revelado ningún mortal, sino mi Padre, que está en los cielos».
A causa de esta confesión, Pedro será la roca sobre la que edificará Jesús su Iglesia. A Pedro y a sus sucesores les ha sido confiada una misión única en la Iglesia: son el fundamento visible de esa realidad invisible que es Cristo resucitado. Ambos constituyen la garantía de la indefectibilidad de la Iglesia a lo largo de los siglos.
Por otra parte, el poder especial otorgado por Jesús a Pedro, expresado por las metáforas de las llaves, del «atar» y del «desatar», indica la autoridad conferida para prohibir y permitir en la Iglesia.
Meditación extractada de la LECTIO DVINA Volumen 16 de Editorial Verbo Divino, Pamplona 2004.