TODOS BUSCABAN UN CADÁVER...

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Aquella mañana de Pascua, todos se llevaron un chasco junto al sepulcro.

Todos, amigos y enemigos, buscaban un cadáver: pero el cadáver no estaba allí.

Los jefes del pueblo buscaban un cadáver, porque solamente sobre ese cadáver podrían seguir viviendo tranquilos.

Los hombres armados buscaban un cadáver, porque Cristo era el hombre al que tenían que mantener prisionero entonces y... después, muchas veces en la historia del mundo.

Las mujercitas buenas buscaban el cadáver para vestirlo, llenas de cariño, con sus trapitos y ungüentos, con sus rezos y sus lágrimas.

Pedro y Juan, los hombres honrados, corrían también a buscar un cadáver, con demasiado pesimismo y muy poca esperanza.

La historia humana: todos, creyentes y no creyentes, suponiendo que Dios es algo mucho menos vivo, menos real y menos presente entre nosotros.

Unos, creyendo que pueden aniquilar a Dios. Otros, nosotros los cristianos, creyendo que Dios es algo inmóvil y frío, como un cadáver: viviendo como si Dios no fuese un amigo que entra a través de todas nuestras puertas e intimidades, un compañero que nos acompaña en todos nuestros caminos.

PERO EL CADÁVER DE CRISTO NO ESTABA EN EL SEPULCRO.