EL TIEMPO PASCUAL

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El Tiempo de Pascua -la Cincuentena pascual- es, en el conjunto del año litúrgico, el "tiempo fuerte" por excelencia.

Por lo tanto, es necesario recuperarlo y vivirlo como tal, aunque los modos actuales están aún lejanos de ello. Si algún ciclo debe distinguirse como algo "diverso" de los días habituales, más que la Cuaresma o que el Adviento, han de ser, sin duda, estos cincuenta días que median entre Pascua y Pentecostés.

Celebrar el año cristiano, colocando su culminación en estos cincuenta días de alegría, responde muy bien al carácter fundamental del mensaje cristiano que es anuncio de alegría y liberación. Por ello precisamente el Tiempo de Pascua fue el primero que los cristianos se sintieron como obligados a celebrar en razón de su misma fe.

En efecto, mucho antes de que existiera la Cuaresma y los otros "tiempos litúrgicos", la comunidad cristiana celebró ya la Cincuentena de alegría; quien durante estos días no expresara su gozo (por ejemplo, hiciera ayuno o rezara en actitud de penitencia) era considerado como alguien que no había captado en qué consistía el Evangelio (ya en el siglo II se habla de no poner signos penitenciales durante los 50 días de Pascua; y muy pronto se llega a "excomulgar" a quien se atreva a hacer penitencia durante la Cincuentena pascual).

Quizá para muchos una fiesta que se prolonga 50 días pueda parecer excesiva para las costumbres actuales... Esta fiesta tan prolongada en relación con lo habitual puede ser una invitación a vivir la originalidad radical del cristianismo, a experimentar hasta qué punto "los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá" (Rom 8, 18), a poner un signo de que creernos que la alegría que el Señor nos depara es algo que "ni el ojo vio, ni el oído escuchó, ni el hombre puede pensar" (1 Cor 2, 9).

Resulta, pues, necesario hacer un esfuerzo -quizá una gran "conversión" - para llegar a celebrar y a mantener los signos de alegría extraordinaria durante todo este largo período.

Extractado del Calendario Litúrgico Pastoral 2009, editado por Buena Prensa, México