SUPERFICIALIDAD

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Tenemos dificultad para «estar al 100% en lo que estamos» . Mientras «escucho»  a una persona estoy pensando en lo que tengo que comprar; mientras «leo»  un libro estoy recordando una película. Nos cuesta poner atención voluntaria y dirigir nuestra imaginación: parecemos niños en juguetería.

Para que el agua tenga profundidad necesita estar contenida en un recipiente; si esta derramada será superficial. Somos superficiales e ineficaces porque vivimos dispersos.

Rara vez tomamos conciencia de la dimensión de interioridad que hay en nosotros; menos aun la cultivamos. Incluso, cuando estamos solos, buscamos estímulos que nos distraigan, pues no toleramos el silencio ni sabemos que hacer con nosotros.

Constantemente somos bombardeados por la publicidad; los estímulos exteriores nos llaman la atención y nos distraen. Pero la verdadera dispersión se origina en el corazón.

Si estamos dispersos, antes de iniciar una actividad (orar, escribir una carta, dialogar con un amigo, participar en un acto) tenemos que hacer un gran esfuerzo y dedicar tiempo para recoger los fragmentos de nuestro corazón y de nuestra atención.

Si queremos ser dueños de nosotros mismos, hemos de limitar los estímulos exteriores (televisión, Internet, revistas...), concentrar nuestros deseos y ordenar nuestros afectos.

No todo es esfuerzo de nuestra parte; también algu­nas actividades o personas nos ayudan:

Ø      la competencia hace que el deportista concentre su energía física;

Ø      el examen ayuda al alumno a concentrar su energía men­tal;

Ø      la presencia o el recuerdo de la persona amada con­centra nuestra energía afectiva;

Ø      los rayos del sol, concentrados en un punto por una lupa, encienden fuego.

Así también, la seducción de Dios hace que se concentre nuestra energía espiritual.

Cuando nos referimos a las actividades que nos ayudan, en casos como los de la oración, o la atención en las celebraciones litúrgicas; una importante ayuda que los congregantes podemos tener para ejercitar esa «concentración» en las cuestiones espirituales, es a través de la participación en los retiros y ejercicios de encierro, a los que periódicamente somos invitados.

Ejercitémonos en las cuestiones espirituales, para que cada vez aumentemos mas nuestra dimensión de interioridad, con lo que cada comprenderemos y participaremos con mayor compenetración en estas  acciones, que de acuerdo a nuestras convicciones, son las que realmente tienen valor para nuestra vida futura.

El autor del artículo es el R. P. Fernando Torre Medina Mora M. Sp. S.

A  Jesús  por  María

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