SOBRE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

En el transcurso de la celebración eucarística del día 7 de mayo de 2005, en la cual tomó posesión como Obispo de Roma, Su Santidad Benedicto XVI, habló durante la homilía, sobre la Ascensión del Señor, y dijo que: «Gracias a que Cristo está ahora con el Padre, está cerca de cada uno de nosotros, para siempre y le puede tratar de tú, le puede llamar».

Expresó que aunque: «Podemos vivir dándole la espalda, Él nos espera siempre, y está siempre cerca de nosotros».

Subrayó que Cristo resucitado: «Necesita testigos que lo hayan encontrado, que lo hayan conocido íntimamente a través de la fuerza del Espíritu Santo».

Señaló que el Papa: «Debe ser consciente de que es un hombre frágil y débil», siempre necesitado de «purificación y conversión, pero, también puede estar consciente de que el Señor le da la fuerza para confirmar a sus hermanos en la fe y mantenerlos unidos en la confesión de Cristo crucificado y resucitado».

Continuó diciendo: «El Obispo de Roma se sienta en su Cátedra para dar testimonio de Cristo. Así, la Cátedra es el símbolo de la “potestad de enseñar” que es parte esencial del mandato de atar y desatar conferido por el Señor a Pedro, y después de él, a los doce».

En este sentido, recordó que: «Si la Sagrada Escritura se separa de la voz viva de la Iglesia, cae presa de las disputas de los “expertos”».

Enfatizó que: «Esta potestad de enseñanza asusta a tántos hombres dentro y fuera de la Iglesia. Se preguntan si no amenaza la libertad de conciencia, si no es una presunción contrapuesta a la libertad de pensamiento. No es así. (...) El Papa no es un soberano absoluto, cuyo pensamiento y voluntad son ley. Por el contrario, el ministerio del Papa es garantía de la obediencia a Cristo y a su Palabra. No proclama sus propias ideas, sino que se vincula constantemente y vincula a la Iglesia a la obediencia a la Palabra de Dios, ante los intentos de adaptarse, así como ante todo oportunismo».

Benedicto XVI puso de relieve que ésta fue la misión de Juan Pablo II, «Cuando ante todos los intentos, aparentemente benévolos, ante las erradas interpretaciones de la libertad, subrayó de manera inequívoca la inviolabilidad del ser humano, la inviolabilidad de la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural. Poniendo como ejemplo, que la libertad de matar, no sería una verdadera libertad, sino una tiranía que reduce el ser humano a la esclavitud».

Agregó: «El Papa es consciente de estar, en sus grandes decisiones, ligado a la gran comunidad de la fe de todos los tiempos, a las interpretaciones vinculantes desarrolladas a través del camino de peregrinación de la Iglesia. Tiene la responsabilidad de que la Palabra de Dios siga estando presente en su grandeza y siga resonando en su pureza, de modo que no se haga pedazos, ni pierda el rumbo, por los continuos cambios de las modas».

Terminada la misa, el Papa se desplazó a la basílica de Santa María Mayor para venerar el icono de la Virgen María, acto de veneración que responde a una tradición ininterrumpida de súplica del pueblo de Roma a la Madre de la Salvación.

A la mañana siguiente, Benedicto XVI asomó a la ventana de su estudio para rezar el Regina Coeli con los peregrinos reunidos en la Plaza de San Pedro, y reflexionó nuevamente sobre la solemnidad de la Ascensión, comentando que: «Jesús, al subir el cielo, nos ha vuelto a abrir el camino hacia nuestra patria definitiva, que es el paraíso, y que ahora, con la potencia del Espíritu Santo, nos sostiene en la peregrinación cotidiana en la tierra».

Recordó asimismo que: «Después de que el Señor subiese al cielo, los discípulos se recogieron en oración en el Cenáculo con la Madre de Jesús invocando juntos al Espíritu Santo».

Concluyó su reflexión sobre el tema, recordando que: «Todas las comunidades cristianas, unidas a la Virgen Santísima, reviven en estos días esa singular experiencia espiritual en preparación para la solemnidad de Pentecostés».

Fuente: Vatican Interrnational Service (VIS). Extractado y adaptado por el C. M. Alfonso de Jesús Marín González. Se cita la fuente en los términos de la suscripción a VIS a través de webmaster@congregacionesmarianas.org.