SIGNO

Volver a Principal

Dios está presente en todo, y todo es signo de Él.

Así como mi cuerpo visible es signo de mi persona y la indica, de igual modo lo visible y lo invisible son signos de Dios, y lo anuncian continua e inexorablemente.

No existe una célula, ni un átomo, ni una coma que pueda escapar de la unidad del todo que los signos indican con una lógica, una armonía y una unidad inexorables.

Los signos me contaron mi historia, me explicaron mis deseos e iluminaron mis interrogantes.

El signo de un nido de pájaros o de una madriguera de zorros sintetizó, para mí, el alma del universo entero, y la ley de Newton sobre la atracción de los astros me anticipó el prólogo del  Evangelio de Juan.

La lógica de una combinación química me ejemplifica la mutua dependencia entre los hombres y las cosas, y la simple impenetrabilidad de los cuerpos me confirma el espacio de mi libertad.

Pero donde el signo se hace señal constante, indicación unívoca de lo que quiere indicar y anunciar, es al anunciar e indicar una Presencia distinta de mí.

Todas las cosas que veo, los ruidos que escucho, cada amanecer que se reitera, cada encuentro que realizo, todo es signo de algo, de alguien que me ha precedido y me interroga: Dios.

Es verdad que siempre puedo decir: "No creo en eso".

Existe en mí y es el verdadero pecado en el que estoy sumergido- la capacidad de no creer, de decir no a la esperanza, la posibilidad de no querer amar; pero sepan una cosa: el signo no cesa­rá de interrogarme, aunque deba esperar hasta el fin de los tiempos.

En mi estupidez puedo decir: "No tengo documentos acerca de tu identidad, no te creo... Es posible que procedas de una generación espontánea, que te hayas hecho solo, que seas fruto del acaso, pero no es ciertamente éste el camino para obtener en mí la paz y la alegría.

Cuanto mucho, puedo alcanzar cierta calma, una pizca de melancolía y una indiferencia árida.

La alegría exultante y la felicidad no estarán nunca conmigo y se me negará siempre una unión amorosa.

Para aprender los signos que ves y entender su significado, debes ser pequeño y humilde de corazón.

¡Es indispensable!

Parece tonto, pero justamente por este motivo muchos permanecen fuera de la verdad: Por más que oigan no entenderán, y por más que miren no verán (Mt 13, 14).

¡Y Dios pasa al lado de ellos!

Jesús tiene palabras de amenaza, al ver la gravedad de esta situación: Si no cambian y no llegan a ser como niños, nunca entrarán en el Reino de los Cielos (Mt 18, 3).

¿Entiendes? ¡No entrarán!

Entrar en el Reino significa, por empezar, entender las cosas, percibir el argumento de que el "Invisible presente" se manifiesta por medio de los infinitos signos en que estamos inmersos.

Pidamos a Nuestra Santísima Madre si intercesión para que nuestro sentidos se vuelvan perceptivos a la captación de todos estos signos.

Extractado de “El desierto en la Ciudad. Espiritualidad para un mundo urbano” de Carlo Caretto de Lumen, Argentina 2004