SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS
La
celebramos el segundo viernes después de la
conmemoración
de “Corpus Christi”,
es una fiesta moderna, que comenzó a introducirse a partir del siglo XVII, y que
se fue extendiendo y consolidando, paralelamente a la extensión y consolidación
de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús.
Es una fiesta que ha cuajado en el pueblo cristiano, y a pesar de celebrarse en día laborable y no de precepto, tiene categoría de solemnidad, y mucha gente acude a la iglesia para celebrarla. En todo caso, el núcleo, el contenido central de la fiesta, tiene un gran valor para la fe cristiana.
El corazón es una imagen, un concepto humano muy propio y adecuado para significar el amor y la ternura. Los sentimientos están en el corazón, las personas que aman tienen "un buen corazón", y es "de todo corazón" que nos amamos.
Por eso, al hablar del amor de Dios, y concretado en el amor de Jesús, también la imagen del corazón es muy adecuada. En la imagen del Sagrado Corazón de Jesús está concentrado todo ese amor y misericordia, y al venerar el Sagrado Corazón estamos agradeciendo todo ese amor hacia nosotros.
La imagen del corazón aparece en el Antiguo Testamento: "mi corazón se conmueve dentro de mí y se inflama toda mi compasión" dice el Señor ante la infidelidad de Israel (Oseas 11, 8).
También en la referencia al corazón nuevo que Dios da a su pueblo cuando transforma su "corazón de piedra" en un "corazón de carne" (Ezequiel 36, 26)... Y aparece también en el evangelio según san Juan, cuando dice que estando Jesús en la cruz, ya muerto, "uno de los soldados le traspasó el costado con una lanza e inmediatamente salió sangre y agua" (Juan 19, 34).
En la fiesta de este día, se insiste en esta idea, cuando se habla de la entrega de Jesús por nosotros con un amor admirable en el árbol de la cruz, añadiendo que "hizo salir sangre y agua de su costado herido, de donde habrían de brotar los sacramentos de la Iglesia, para que todos, atraídos hacia el corazón abierto del Salvador, pudieran beber siempre, con gozo, de la fuente de la salvación".
Toda esta fiesta quiere subrayar el amor y la ternura de Dios hacia la humanidad. Desde la creación, toda la Escritura es la narración de esa historia de salvación. El Antiguo Testamento es la historia continuada del amor de Dios y la infidelidad de los hombres. Pero, a pesar del pecado y de la infidelidad humanas, siempre queda la misericordia de Dios. Una historia que encuentra en Jesucristo la plenitud.
Él es la encarnación de Dios, y por tanto también de su amor. Con sus palabras, con sus obras, y sobre todo con su muerte y resurrección, se ha llevado a cabo la alianza nueva y eterna de Dios con la humanidad. De hecho, Dios se ha presentado siempre en la Escritura con un rostro humano, "compasivo y misericordioso, lento para enojarse y generoso para perdonar".
Jesús es el rostro humano de Dios, que vivió y transmitió ese amor de Dios hacia los hombres, a la vez que nos presentó a Dios como un Padre bueno y misericordioso.
Finalmente, se puede destacar que en esta fiesta no sólo recordamos y agradecemos ese amor tan grande de Dios manifestado en Jesús, sino que también pedimos tener un corazón así, un corazón lleno de sentimientos de amor, de bondad, de paz... para poder transmitir ese amor a nuestro alrededor. En definitiva, que nuestro corazón se parezca al corazón de Jesús.
Basado en una reflexión propuesta por XAVIER AYMERICH