SEXO Y MATRIMONIO

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Comentarios del entonces Cardenal Joseph Ratzinger al periodista Vittorio Messori :

«En la cultura del mundo "desarrollado" se ha destruido, en primer lugar, el vínculo entre sexualidad y matrimonio indisoluble.

Separado del matrimonio, el sexo ha quedado fuera de órbita y se ha encontrado privado de puntos de referencia: se ha convertido en una especie de mina flotante, en un problema y, al mismo tiempo, en un poder omnipresente.

Después de esta primera ruptura descubre otra, que es consecuencia de la primera: Consumada la separación entre sexualidad y matrimonio, la sexualidad se ha separado también de la procreación. El movimiento ha terminado por desandar el camino en sentido inverso: es decir, procreación sin sexualidad.

De aquí provienen los experimentos cada vez más impresionantes de la tecnología médica -de los cuales está llena la actualidad-, y en los que precisamente la procreación es independiente de la sexualidad. La manipulación biológica lleva camino de desarraigar al hombre de la naturaleza (cuyo concepto mismo, como veremos, se pone en entredicho). Se intenta transformar al hombre y manipularlo como se hace con cualquier otra "cosa": un simple producto planificado a voluntad.

Este proceso dirigido a destrozar las conexiones fundamentales, naturales (y no sólo culturales, como dicen), conduce a consecuencias inimaginables, que se desprenden de la lógica misma que preside un camino semejante.

Según él, hoy estaríamos pagando ya «los efectos de una sexualidad sin ligazón alguna con el matrimonio y la procreación. La consecuencia lógica es que toda forma de sexualidad es igualmente válida y, por consiguiente, igualmente digna. No se trata ciertamente de atenernos a un moralismo desfasado, sino de sacar lúcidamente las consecuencias de las premisas: es lógico, puestas así las cosas, que el placer, la libido del individuo se conviertan en el único punto de referencia posible del sexo. Este, sin una razón objetiva que lo justifique, busca una razón subjetiva en la satisfacción del deseo, en una respuesta, lo más "gratificante" posible para el individuo, a los instintos, a los cuales no se puede oponer un freno racional. Cada cual es libre de dar el contenido que se le antoje a su libido personal.

Resulta entonces natural que se transformen en "derechos" del individuo todas las formas de satisfacción de la sexualidad. Así, por poner un ejemplo muy del día, la homosexualidad se presenta como un derecho inalienable (¿y cómo negarlo con semejantes premisas?); más aún, su pleno reconocimiento se transforma en un aspecto de la liberación del hombre.

Y no terminan aquí las consecuencias de este desarraigarse la persona humana de su naturaleza profunda. Al desgajarse del matrimonio fundado sobre la fidelidad por toda una vida, deja la fecundidad de ser bendición (como ha sido entendida en toda cultura), para transformarse en lo contrario, es decir, en una amenaza para la libre satisfacción del "derecho a la felicidad del individuo".

 He aquí por qué el aborto provocado, gratuito y socialmente garantizado se transforma en otro "derecho", en otra forma de "liberación"».

Entrevista al Cardenal Joseph Ratzinger por el periodista Vittorio Messori en 1985.