SENTIDO DE LA NAVIDAD
El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz;
a los que habitaban en tierra de sombras una luz les ha brillado.
Acreciste la alegría, aumentaste el gozo: se alegran ante ti con la alegría de la siega, como se regocijan al repartirse un botín.
Porque, como hiciste el día de Madián, has roto el yugo que pesaba sobre ellos, la vara que castigaba sus espaldas, el bastón opresor que los hería.
Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Sobre sus hombros descansa el poder,
Y es su nombre: «Consejero prudente, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz».
'Dilatará su soberanía en medio de una paz sin límites, asentará y afianzará el trono y el reino de David sobre el derecho y la justicia, desde ahora y para siempre.
El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará.
Isaías 9,1-3.5-6
Esta lectura bíblica correspondiente a la misa de medianoche de Navidad, intenta responder a una pregunta: ¿cuál es el sentido de la Navidad?
Inicia el recorrido desde los antiguos profetas.
El oráculo de Isaías presupone una situación dramática para el país de Israel, porque el estrépito de las armas resuena por doquier. La invasión asiria (siglo VIII a.C.) comenzada en Galilea, amenaza ya a la misma Judea y a Jerusalén, el pueblo, bajo el terror enemigo, camina en la oscuridad y no sabe adónde dirigirse.
A esta gente sin esperanza, anuncia el profeta: «El pueblo que caminaba en tinieblas ha visto una gran luz», para luego dirigirse a Dios, exclamando: «Acreciste la alegría, aumentaste el gozo» (v. 2).
¿Qué es lo que permite a los hombres pasar de las tinieblas a la luz, de la tristeza a la alegría?
La alusión de
Isaías se refiere a la huida
de los Asirios, pero el
profeta
de Dios habla también de fuga de todo enemigo.
Anuncia la alegría por el que será: «Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de la paz» (v. 5), el que, verdadero héroe de Israel, cumplirá todo esto.
Pero ¿cómo será posible todo esto? Isaías responde: «El amor ardiente del Señor todopoderoso lo realizará» (v. 6).
He aquí, pues, el sentido y el mensaje más antiguo de la Navidad: el fin del miedo, la liberación de la dominación enemiga y todo ello gracias a que: «un niño nos ha nacido» (v. 5: cf. Is 7,14; Miq 5,13; 2 Sm 7,12-16), un descendiente de David que dará vida a una sociedad en la que habrá justicia, paz, alegría y que dará a todos el coraje de vivir.