SANTA
MARÍA DEL ADVIENTO
En
la exhortación apostólica Marialis cultus, de
Pablo
VI, recuerda: "Los fieles que trasladan de la liturgia a
la vida el espíritu del Adviento, al considerar el inefable
amor con que la Virgen Madre esperó al Hijo, se
sienten animados a tomarla como modelo y a prepararse,
vigilantes en la oración y jubilosos en la alabanza,
para salir al encuentro del Salvador que viene. (...).
Este
tiempo (el Adviento), como han observado los
especialistas en liturgia, puede ser considerado como
un tiempo particularmente apto para rendir culto
a la Madre del Señor" (n. 4).
Nos
vamos a fijar aquí en cómo se concretan estas afirmaciones.
En primer lugar, nos encontramos con dos
días que vive todo el pueblo cristiano a nivel universal:
la solemnidad de la Concepción Inmaculada de María y el Domingo IV de Adviento
y, en el continente
americano, especialmente en México, con el 12 de
diciembre: la Virgen María de Guadalupe.
La
Inmaculada Concepción.
Esta
solemnidad, casi al inicio del Adviento,
nos hace contemplar a Santa María como obra
de Dios, que va preparando, por medio de Ella, los
caminos de la venida de su Hijo al mundo. María, del
linaje de los redimidos -de nuestro linaje- recibe, anticipadamente,
el fruto de la redención y es concebida
inmaculada, sin la mancha del pecado de los orígenes.
Así, Dios preparaba "una digna morada" a su Hijo,
que debía asumir la naturaleza humana en el seno
de María.
Por
otra parte, desde su concepción, María será imagen de la Iglesia, la esposa
de Cristo santa e inmaculada. María nos hace ver de qué manera,
a lo largo del Adviento, debemos dejar que Dios lleve
a cabo su obra en nosotros para que podamos acoger
a Cristo con pureza de corazón. Para contemplar
de qué modo la gracia de Dios llenó a María desde
su concepción,
nos ayuda a contemplar a
María como imagen de la Iglesia y a entender que todo
lo que se dice de María se puede decir también de
la Iglesia, con lo que de aquí se deriva como exigencia
de santidad de vida para todos los cristianos.
Nuestra
Señora de Guadalupe.
Con
su imagen, grávida de Jesús, y su mensaje: "Yo soy la Madre de Dios
por quien se vive", María nos enseña a vivir el Adviento
con la actitud anhelante de quien espera al Dios
hecho hombre que viene a nosotros, nacido de María
y entregado por Ella al mundo. Ella es la Madre
de Cristo y es también nuestra Madre. Ella nos enseña
a tener el corazón siempre preparado para que
en él se haga presente, como el don de Dios por excelencia,
Aquél cuyo nacimiento nos disponemos a
celebrar sacramental mente en Navidad, y cuyo advenimiento
glorioso aguardamos con firmísima esperanza.
El
Domingo IV de Adviento.
En
la proximidad de la Navidad, este domingo nos sitúa ante el misterio de la
encarnación del Hijo de Dios en el seno virginal de
María.
Mientras
las primeras lecturas de este día nos
traen los antiguos anuncios proféticos sobre la Virgen
María y el Mesías, los evangelios nos sitúan, desde
distintas perspectivas, ante el hecho de la Encarnación
y la respuesta de María a los designios y la voluntad
de Dios a fin de que, con su cooperación, el Hijo de Dios se hiciese
hombre y viniese a habitar entre
nosotros.
Es
un domingo que nos lleva, en comunión
con María y por su intercesión, a preparar-nos
para la venida del Redentor y a hacerlo con una fe
sincera, con la obediencia de los que allanan los caminos
del Señor fieles a su voluntad, sin olvidar lo que
haya que hacer con humilde disponibilidad y con la
esperanza puesta en el Dios siempre fiel a sus promesas...
Nos puede ayudar a vivir las actitudes de este
domingo la lectura patrística del día 20 de diciembre.
La
octava que precede a la Navidad.
La
presencia de
Santa María en el Adviento se acentúa del 17 al 24 de
diciembre. La que va a ser Madre, en la inminencia
del nacimiento del Hijo, nos hace presentir la epifanía
del Redentor y nos lleva a acompañarla y a aprender
de Ella a acoger al divino Salvador hecho hombre por nosotros.
Los
evangelios de estos días nos
hacen revivir las "etapas marianas", el camino espiritual
recorrido por María, la excelsa Hija de Sión, desde
Nazaret a Belén. Podemos añadir aquí la oración
colecta de los días 19 y 20 de diciembre.
También
nos pueden ayudar, en la meditación de estos días,
los textos del Común de la Virgen María propios del
Adviento, así como los formularios del tiempo de Adviento de las Misas
de la Virgen María (Estirpe
escogida
de Israel, En la Anunciación del Señor, En la Visitación).
En
su conjunto, más allá del valor de cada elemento por
separado, sin duda se puede hablar de riqueza de acentos
marianos a lo largo del Adviento.
Podemos
decir
que, a veces de modo muy explícito y a menudo
de modo discreto pero efectivo, Santa María está presente
en la liturgia de la Iglesia de principio a fin en el Adviento.
Autor:
Joseph Urdeix, aparecido en Actualidad Litúrgica de Noviembre-Diciembre de
2004, Artículo original: Misa
Dominical (España)