SAN
JOSÉ, CUSTODIO DE LA SAGRADA FAMILIA
El
15 de agosto de 1889, el Papa León XIII escribió una encíclica presentando a
San José como modelo de la vida familiar y de la vida de trabajo, y patrono de
la Iglesia universal. En tiempos de crisis social y decaimiento religioso, el
Papa pidió a los fieles que invocaran a San José juntamente con la Virgen María.
Dejó una oración al Santo que aun cien años después se sigue rezando después
del rosario en muchos lugares.
Para
conmemorar el centenario de esta encíclica, el Papa Juan Pablo II promulgó en
1989 una exhortación apostólica sobre San José. Su título es Redemptoris
Custos (el Custodio del Redentor). Junto con su encíclica de 1979, Redentor
Hominís (el Redentor del hombre), y la de 1987, Redemptoris Mater (la Madre del
Redentor), nos da una enseñanza del Magisterio sobre los tres miembros de la
Sagrada Familia y su papel en el misterio de la redención.
Naturalmente Jesús es el único Salvador del mundo, pero Dios invita a María y a José a participar muy de cerca en este misterio.
Durante
el tiempo en que María y José están desposados y todavía no han empezado a
convivir como esposos, llega el anuncio de la encarnación virginal de Jesús.
Mientras el Evangelio de Lucas nos relata la anunciación a la Virgen María, el
primer capítulo de Mateo nos presenta de forma parecida el anuncio a San José.
El
mensajero se dirige a José como el «esposo de María», confiándole la tarea
de imponer el nombre de "Jesús" al niño y de actuar como su padre
terreno. Al despertar del sueño, José hizo lo que el ángel le mandó, tomando
consigo a su mujer. En esto demuestra una disponibilidad de voluntad semejante a
la de María.
Las palabras de Isabel a María : «Feliz la que ha creído» se pueden aplicar en cierto sentido también a José. Lo que hizo en responder afirmativamente a la Palabra de Dios, le unió en modo particular a la fe de María. José es el primero en participar de la fe de la madre de Dios y también en sostener a su esposa en esa fe. Junto con ella él es el primer depositario del misterio escondido desde los siglos en Dios.
Por este motivo, el Papa Juan XXIII estableció que
en la primera oración eucarística de la Misa, memorial perpetuo de la redención,
se incluyera su nombre junto al de María, y antes del de los apóstoles, papas
y mártires.
Mientras
afirman claramente la virginidad del matrimonio de José y María, no por eso
dudan en llamarlos esposos. Aunque único, este matrimonio es completamente auténtico,
y de este hecho resulta que José es verdaderamente padre de Jesús, como lo
llama el Evangelio y la misma virgen María. Jesús no nace de la semilla de José,
y sin embargo su genealogía se anuncia por la línea de José, el esposo de María.
José ejerce su autoridad paterna desde el principio dándole el nombre de Jesús
al hijo de María.
Los
primeros misterios de la salvación se confían a la fiel custodia de José,
quien sirve directamente a la persona y a la misión de Jesús, mostrándole
todo el amor y afecto que el corazón de un padre pueda conocer. Esta Sagrada
Familia es modelo y ejemplo para toda familia cristiana en su misión de
custodiar, revelar y comunicar el amor de Cristo. De esta familia en que vive el
Hijo de Dios, toda familia aprende su vocación de ser una pequeña iglesia.
Dirigiéndose
a Belén para el censo, José inscribe al salvador del mundo en el registro con
el nombre de «Jesús, hijo de José de Nazaret». En la noche de Belén José
tiene el privilegio de ver con sus ojos el nacimiento del Hijo de Dios, y después
también es testigo con María de la adoración de los pastores y luego de los
magos. José ejercita el derecho y deber religioso del padre al circuncidar al
niño, quien cumple plenamente la antigua alianza con Abraham , de la cual la
circuncisión era signo. AI imponer el nombre de Jesús en esta ceremonia, José
declara su paternidad legal y a la vez proclama la misión salvadora de su hijo.
Cumple con otro deber del padre al presentarlo en el templo, obedeciendo la ley
del rescate del primogénito, aunque Jesús es el autor mismo del rescate.
Para
proteger al niño, a quien Herodes quiere matar, José toma su familia y huye a
Egipto. Al regresar a Nazaret después de la muerte de Herodes, José coopera en
el misterio de la Nueva Alianza de modo que se recuerda la Antigua, cuando
Israel fue liberado de la esclavitud en Egipto.
Sigue
un largo plazo de vida escondida en el hogar de Nazaret. José tiene la alta
misión de alimentar, vestir e instruir a Jesús, quien crece en sabiduría,
edad y gracia bajo su cuidado. Durante este tiempo Jesús sencillamente vive
sujeto a José y María, santificando la vida de familia y la vida de trabajo.
Un solo episodio se conserva de este período. Cuando Jesús tenia doce años,
van a celebrar la Pascua de Jerusalén. AI perderlo y encontrarlo después de
tres días, María le hace saber cómo ella y su padre habían estado
preocupados. Jesús responde preguntando: «¿No sabían que yo debía ocuparme
en las cosas de mi Padre?» Esta respuesta reafirma lo que José había sabido
doce años antes: al actuar como padre humano de Jesús, era depositario del
misterio del Hijo del Padre eterno.
Desde
el momento en que José recibió su misión de tomar por esposa a la Madre de
Dios, hizo lo que el ángel le mandó. Fue el inicio de una larga vida de
fidelidad a la llamada de Dios hasta el final. Aunque el evangelio no cita sus
palabras, su propio silencio habla con elocuencia la verdad que hay en llamarle
el justo. Tiene las características humanas necesarias para ser buen esposo de
María.
Antes
del anuncio del ángel se realizó la primera etapa del matrimonio hebreo. Ya
eran esposos, pero estaban en el período de preparar el inicio de su
convivencia en la misma casa, cuando intervino la anunciación a María. Sigue
el mensaje a José como su esposo. El hombre justo recibe su propia vocación de
seguir con su compromiso de amarla como esposa pero de forma virginal.
Al
aceptar José la invitación del ángel, su amor de hombre justo fue regenerado
por el Espíritu Santo. El amor de Dios obraba en la íntima comunión
espiritual de alianza entre estos esposos. Mediante el sacrificio total de sí
mismo, José junto con María simboliza el misterio de la Iglesia, virgen y
esposa. Por el lazo conyugal José se acerca más que ningún otro a la sublime
dignidad de la Virgen. El vínculo de caridad que constituyó la vida de la
Sagrada Familia la hace digna de profunda veneración.
El
título de «carpintero» abarca toda la vida de José. El trabajo es un modo
diario en que expresa su amor a la Familia de Nazaret. Jesús da ejemplo de
obediencia participando en el trabajo de José y llegando a ser conocido como el
«hijo del carpintero».
El
1o de mayo se celebra la fiesta de San José Obrero. Jesús ha redimido el
trabajo. La laboriosidad es una virtud por la cual el ser humano puede
participar en la obra de Dios, Creador y Redentor, puede hacerse en cierto
sentido más humano, y puede profundizar en la amistad con Cristo. San José nos
enseña a santificar la vida diaria, elevando a Cristo las obras comunes,
humildes y sencillas.
También
el trabajo de José está envuelto en el mismo clima de silencio que indica una
profunda vida interior. José vivía en contacto diario con el misterio. Su
insondable vida interior era el fundamento de su sacrificio total de sí en
sumisión a Dios y disponibilidad para su servicio.
Al
vivir en comunión con Jesús, María y José fueron los primeros beneficiados
por el amor salvífico que todas sus acciones irradiaban. San José unió
perfectamente la contemplación y la acción, el amor directo a Cristo , la
verdad y el amor expresado en servicio activo al niño.
En
tiempos difíciles para la Iglesia, el Papa Pío IX en 1870 la puso bajo la
especial protección de San José, declarándolo "Patrono de la Iglesia Católica."
En 1889 el Papa León XIII explicó que de igual modo que fue custodio, cabeza y
defensor de la Familia de Nazaret, en ese momento era digno de proteger y
defender a la Iglesia de Cristo. Las palabras de la oración de León XIII hace
más de cien años son aptas hoy:
«Aleja
de nosotros, oh padre amantísimo, este flagelo de errores y vicios... Asístenos
propicio desde el cielo en esta lucha contra el poder de las tinieblas...; y
como en otro tiempo libraste de la muerte la vida amenazada del niño Jesús, así
ahora defiende a la santa Iglesia de Dios de las hostiles insidias y de toda
adversidad.»
En
su empeño para evangelizar el mundo y revitalizarla en los países donde antes
florecía pero ahora esta puesta a prueba, la Iglesia necesita un especial poder
de lo alto.
Recurre
a la segura intercesión y ejemplo de San José. Es modelo de todo cristiano en
su disponibilidad absoluta al servicio de Dios, su obediencia y fidelidad. Es
patrono de esposos, padres de familia, trabajadores, contemplativos y apóstoles,
de toda la Iglesia universal. Aprendamos de él la oración y el servicio a la
misión salvífica de Cristo.
Como
nos dice su Santidad Juan Pablo II:
«José
nos indica el camino de la Alianza
para el tercer milenio».
Reflexión
desarrollada basada en una revisión de la Encíclica Redemptoris Custos (El
Custodio del Redentor)., de Su Santidad Juan Pablo II, 1989.