SAN IGNACIO DE LOYOLA
lñigo López de Loyola hijo de Beltrán Ibáñez de Oñaz
y de Loyola, y de Marina Sánchez de Licona y Balda, nació hacia
1491 y fue el menor por lo menos de los varones de once hijos. No se sabe con
exactitud cuando nació ni cuando murió, aunque Iñigo era huérfano de padre y
madre a los dieciséis años. No se sabe cuando cambió su nombre a Ignacio.
En 1507 liñigo fue escogido para vivir con los reyes Católicos,
con residencia en la ciudad Castellana de Arévalo. Desde su llegada el ambiente
frívolo y cortesano lo comenzó a envolver. Su vida era muy variada, servía
como paje de los señores de Arévalo en todos los menesteres y cultivaba un
poco la música y otro poco a la poesía y llegó a ser buen escribano. Se
ejercitaba en montar a caballo, en manejar la lanza y la espada y en competir en
justas y torneos. En 1516 muere Fernando el Católico, y en 1517 Iñigo
salió de Arévalo y se dirigió a Pamplona que gobernaba el Virrey de
Navarra.
El reino de Navarra fue soberano y autónomo durante
muchos siglos, pero Castilla a comienzos del siglo XVI lo conquisto. En 1521,
los franceses, aprovechando dificultades internas del gobierno de Castilla,
presionó sobre Navarra con 1200 infantes, 800 lanceros y 29 piezas de artillería.
El virrey Don Antonio Manrique de Lara con sede en Pamplona sólo tenía 1000
soldados, además de que predominaban simpatizadores franceses.
Finalmente capituló.
Al fondo de la población, apoyándose en sus viejos
murallones, se erguía una fortaleza reciente, aún sin terminar. Un grupo de
militares acuartelados allí estaban a punto de rendirse. Al mismo tiempo fuera
de la ciudad un militar junto con otros oficiales acordaron oponerse a la
rendición; este militar pequeño de estatura, persuasivo, desenvuelto y
temerario era un vasco exuberante de vida y sediento de gloria. Militaba a las
ordenes del virrey. Tenía 30 años. Su nombre Iñigo López de Loyola.
Aceptaron los capitanes la propuesta de lñigo. Montó en
su caballo y a galope atravesó la ciudad y llegó a la fortaleza; habló con
los encargados y los persuadió a que la defendieran, o murieran en el intento,
y aceptaron todos. Como no había sacerdote Iñigo a la usanza de la edad media,
en caso de peligro mortal dijo sus pecados a sus compañeros e inició la
defensa.
Resistieron 6 horas, una parte de la fortaleza se desmoronó y los franceses corrieron al asalto, Iñigo desenfundó su espada y se lanzó contra ellos. Finalmente un cañonazo le fracturó la pierna derecha y le dejo la izquierda malherida. Estaba a punto de morir.
Los franceses como era
común en la época lo recogieron con admiración y lo curaron. Por su parte,
por corresponder a uno de los franceses le dio su coraza, a otro su rodela y a
otro su puñal. Lo entregaron a unos paisanos suyos que lo llevaron hasta
Loyola, en la Provincia de Guipúzcoa, en el corazón de los montes
Pirineos.
Lo recibieron su hermano Martín y su cuñada Magdalena de
Araoz. Los Loyola eran uno de los 24 linajes principales, llamados Pariente
Mayores, algo así como una especie de señores feudales, dueños de algunos
yacimientos de hierro, las fraguas, los sembradíos y los ganados. Ejercían su
autoridad sobre la población de los contornos.
El doctor Martín de Iztiola, médico de la familia, dirigió la urgente cura que debía practicarse en la pierna de Iñigo. Las curaciones de los médicos franceses habían sido tal vez atinadas; pero el tiempo transcurrido y el viaje en una camilla dislocaron los huesos de la pierna.
Los médicos abrieron y rompieron para poner cada cosa en su lugar sin
anestesia y tampoco mucha asepsia. Por eso la fiebre le afectó en forma
alarmante. El 24 de junio de 1521 recibió la unción de los enfermos pues el
diagnostico médico era desalentador, una muerte segura, sin embargo cuatro días
después, el 28 de junio empezó a mejorar.
La pierna fue sanando pero al desinflamarse, Iñigo notó
que dos trozos de hueso se habían encimado, con lo cual la pierna le resultaba
mas corta, además le formaba una protuberancia en la rodilla que le impedía el
uso de pantalón y botas militares. Por su propia voluntad aceptó una nueva
operación, bajo las mismas condiciones que la original, es decir, sin
anestesia.
Después de esta operación recuperó la salud, sin embargo cuando
quiso andar vio que no podía pararse sobre la pierna, lo que le obligó a
estarse en la cama. Es aquí donde Iñigo tendría su conversión total,
comprometiendo su vida con Dios.
Recopilación
a cargo del