LOS SALMOS LA VOZ DE LA IGLESIA EN ORACIÓN

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El Salterio no fue recibido como libro litúrgico al mismo nivel que los demás. En efecto, parece ser que se volvió un libro de canto cuando las comunidades cristianas abandonaron los himnos gnósticos. El uso común del Salterio fue desarrollado por los Padres de la Iglesia del siglo IV y por las comunidades monásticas.

La Iglesia "hizo suyo el Salterio ya que el Theos (el Señor) implicado en el diálogo es, sin lugar a dudas, y en palabras del Nuevo Testamento, el Padre de su Señor, Jesucristo".

Es decir, que si el Salterio fue retenido como libro litúrgico fue debido a la voz que hace escuchar: la de Cristo mismo. Para la Iglesia de los primeros siglos, el Salterio es, en efecto, un libro completamente profético, que se cumple en Cristo, porque "cada salmo, de alguna manera, habla de Cristo, o habla a Cristo, o bien, es Cristo el que habla en él".

Comprender los salmos y su lugar en la liturgia es escuchar su interpretación cristológica desde los orígenes de la vida de la Iglesia. La oración del Oficio hereda actualmente esta larga tradición.

En los salmos se escuchan dos voces: "Ahí donde se percibe una voz aislada, la de David, la del rey, la del hombre, la del inocente perseguido y del justo salvado, a la Iglesia primitiva le gusta escuchar la voz de Cristo".

El Salmo 21 (Hora intermedia, viernes de la III semana) es testigo de esto:

Dios mío, Dios mío,
¿por qué me has abandonado?
a pesar de mis gritos,
mi oración no te alcanza.
Dios mío, de día te grito (...)

Me aprietas
contra el polvo de la muerte.
Me acorrala una jauría de mastines,
me cerca una banda de malhechores:
me taladran las manos y los pies,
puedo contar mis huesos.

Otra voz que puede ser escuchada a través de los Salmos es la de la Iglesia, porque "ahí donde resuena la voz del pueblo de la Alianza del Antiguo Testamento ella (la Iglesia primitiva) escucha la voz del nuevo y verdadero Israel, la voz de la Iglesia".

Esta voz de la Iglesia se hace oír de dos maneras.

La Iglesia, en los salmos, puede hablar de Cristo al Padre, como en el Salmo 71, que se canta en las Vísperas del jueves de la II semana:

Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que los reyes de Saba y de Arabia
le ofrezcan sus dones;
que se postren ante él todos los reyes,
y que todos los pueblos le sirvan.

El librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector:
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.

Y la Iglesia puede también dirigirse directamente a Cristo, como en el Salmo 44:

Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.

Tu trono, oh Dios, permanece para siempre,
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios,
te ha ungido con aceite de júbilo
entre todos tus compañeros.

Así pues, si el Salterio puede ser un libro de la oración de los cristianos y se revela como tal, es porque en esas palabras se hacen escuchar:

v    La voz de Cristo dirigida al Padre: por este motivo Cristo es el primero en orar con los salmos. Cuando el cristiano ora con los salmos, no solamente ora con Cristo, sino que vive la oración del mismo Cristo.

v    La voz de la Iglesia que habla de Cristo al Padre: los salmos inician el corazón de los fieles a la contemplación de Cristo.

v    La voz de la Iglesia dirigida a Cris­to: los salmos se hacen camino para el encuentro con Cristo.

El vocabulario que usan los salmos deja a veces con una sensación de interrogación, o una sensación de inquietud. Ellos expresan, para una época determinada, para un tiempo particular, los lazos entre Dios y su pueblo.

Son poemas que entrega la tradición y que exigen de parte de uno familiarizarse con ellos, así como se aprende a conocer a un amigo.

Esto necesita tiempo y una larga familiarización. Esto exige un desprendimiento de uno mismo, porque hay que aceptar el hecho de no comprender todo, hay que aceptar dejarse llevar por los orantes de otra época que trazan, todavía hoy, un camino hacia Aquél a quien busca el corazón.

Publicado por el Centro Nacional de Pastoral Litúrgica de Francia en Célébrer, 314 (Francia)