REZAR
Rezar significa abrir las manos ante Dios. Implica relajar lentamente la tensión que te oprime, y aceptar tu existencia con una predisposición cada vez más favorable, no como una posesión que hay que defender, sino como un don que hay que recibir.
Ante todo, la oración es un estilo de vida que te permite encontrar una tranquilidad en medio del mundo, en la cual abres tus manos a las promesas de Dios y encuentras esperanzas para ti, para tu prójimo y para tu mundo.
En la oración, encuentras a Dios no sólo en la suave voz y en la suave brisa, sino también en medio de la agitación del mundo, en la congoja y en el júbilo de tu prójimo, y en la soledad de tu propio corazón.
La oración te lleva a ver nuevos caminos y a oír nuevas melodías en el aire. La oración es el aliento de tu vida que te da libertad para ir y quedarte donde quieras, así como para descubrir los numerosos signos que te indican el camino hacia una nueva tierra.
Rezar no es sólo un comportamiento necesario dentro del quehacer diario de un cristiano, ni una fuente de apoyo en épocas de necesidad, ni tampoco está restringido a los domingos a la mañana o a la hora de la comida.
Rezar es vivir. Es comer y beber, acción y descanso, enseñanza y aprendizaje, juego y trabajo.
La oración penetra en todos los aspectos de nuestras vidas. Es el reconocimiento permanente de que Dios está allí donde estamos nosotros, invitándonos siempre a acercarnos y a celebrar el divino regalo de estar vivos.
Una vida de oración es una vida con las manos abiertas, en la cual no nos avergonzamos (le nuestra debilidad, sino que nos damos cuenta de que para nosotros es mejor ser guiados por ese Otro, que, conservar todo en nuestras propias manos.
Autor: Henri Nouwen, aparecido en “Palabra de Amor” de Editorial Lumen, dentro de la colección Antología Espiritual, Argentina 2003