RENUENCIA
Durante
la 27ª semana del Tiempo Ordinario, la Liturgia contempla como lectura para los
primeros días de la semana, el libro de Jonás,
el
cual inicia con el llamado que le hace el Señor para ir a Nínive a pronunciar un
oráculo contra ella y predicar su destrucción, por las múltiples iniquidades que
cometen sus habitantes.
Jonás, en lugar de trasladarse a Nínive y cumplir la orden del Señor, decide irse a Tarsis, ubicada a l “otro extremo”, pensando que si se aleja puede huir de la vista del Señor. Sin embargo, durante la travesía se desata una gran tormenta, y el barco está a punto de naufragar, y se ve obligado a confesar a los demás pasajeros del barco, muchos de ellos paganos, que él es el causante y les pide que lo tiren al mar, para que la tormenta se detenga. Todos recordamos que Jonás será tragado por una ballena y arrojado a una playa tres días después. Vamos a meditar sobre este relato.
También nosotros, como Jonás, estamos llamados a anunciar la Palabra de Dios, porque ésa es la tarea de todo cristiano. Una tarea de la que muchas veces intentamos sustraernos de una manera más o menos consciente, aduciendo los motivos y las dificultades más «actuales»: la indiferencia de la juventud, el desorbitado poder de los medios de comunicación, la secularización, el fenómeno de la globalización y otras muchas cuestiones que parecen muy alejadas de la lógica de Jesús.
Sin embargo, la Palabra plasmada en la Sagrada Escritura, nos interroga y sacude hasta sus raíces nuestra vocación cristiana. Nos interroga asimismo porque Dios ha mostrado en la historia que también entre los paganos -a los que tememos o tratamos con desdén- puede haber personas rectas, personas en condiciones de despertar nuestra conciencia, tal como le sucedió a Jonás.
Mientras el barco estaba a punto de naufragar, Jonás dormía para estar lo más alejado posible del Señor, pero un marinero pagano le despierta del sopor y le llama al cumplimiento de su vocación.
Como Jonás, es preciso que nosotros también nos dejemos despertar y provocar por los otros, aunque no corresponda a nuestras expectativas, a nuestros gustos y a nuestras ideas, dado que el Señor nos puede hablar a través de todos.
A
buen seguro, también podemos dejar de escucharle y huir hacia “nuestro Tarsis”,
aunque es inútil, porque antes o después, como en el caso de Jonás, vendrá una
tempestad, un pez, y nos volverá a regresar a la playa de partida.
Si Dios nos ha confiado una misión, no podemos huir:
« ¿A dónde podré ir lejos de tu espíritu, a dónde escaparé de tu presencia? Si subo hasta los cielos, allí estás tú; si me acuesto en el abismo, allí te encuentro» (Sal 139,7ss).
Los invito a dirigir al Señor una oración para que nos ayude a cumplir con nuestra misión como cristianos y seres privilegiados que hemos sido beneficiados con el don de la Revelación:
Oh Señor, sabes que soy una pobre persona y que no siempre sé decirte que sí; sabes que soy débil e infiel. Sin embargo, no quieres excluirme de tu plan de salvación; es más, quieres convertirme en un estrecho colaborador tuyo.
Ayúdame, oh Dios mío, a no huir de ti, como hizo Jonás, sino a buscarte, porque sin ti no soy nada.
Haz que adecue mis acciones a tus deseos y no permitas que me aleje de ti buscando otras tierras y otros mares, como con frecuencia siento la tentación de hacer. Ayúdame a dejarme despertar por aquellos a quienes pones en mi camino, para que no caiga en el sueño de la indiferencia y de la resignación.
Úngeme con tu Espíritu Santo, para que no desprecie a ninguna Nínive y salga de la Nínive que hay dentro de mí. Que, guiado por tu luz, trabaje yo en su conversión v en la mía. Amén
El
carácter profético de Jonás está confirmado por Cristo. No es preciso suponer
que las expresiones de Jesús quieran enseñarnos la historicidad del
acontecimiento. Esas expresiones pretenden decir que este libro es figura y
profecía de lo que se cumple en su persona. No hay, en efecto, otro libro que,
desde esta perspectiva, sea más luminosamente profético respecto a Cristo.
Y lo es precisamente porque el libro de Jonás resume, en cierto modo, toda la historia antigua, toda la historia de Israel, en clave profética.
El destino de Israel, sus pruebas, su destrucción, todo esto tuvo lugar con la mirada puesta en una misión de salvación, una salvación que debería provocar después sus mismos celos, porque Israel habría de rechazar su elección, en vez de aceptar esta salvación ofrecida a todos. Dado que su misión no le convertía en el predilecto entre todos y no le otorgaba un puesto de privilegio en sus designios divinos y le ponía en plano de igualdad con todas las otras naciones, este pueblo habría de negarse a esta igualdad.
En este breve libro, la vida civil, los comercios, el ordenamiento estatal, la ciudad..., todo pertenece a las naciones; a Israel no parece pertenecerle más que el profetismo, pero éste pertenece sólo a Israel. Toda la grandeza y la función de Israel consisten en la misión profética
Adaptado por el C. M. Alfonso Marín, inspirado en la obra: “Meditaziorze sid libro di Giona” escrito por D. Barsotti, Brescia 1990.