REFLEXIÓN
SOBRE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN Y LA ENSEÑANZA DE LA IGLESIA
La
Iglesia tiene un doble objetivo con respecto a los medios de comunicación. Uno
de ellos consiste en fomentar su correcto desarrollo y uso con vistas al
progreso humano, la justicia y la paz, para la construcción de la sociedad en
los ámbitos local, nacional y comunitario a la luz del bien común y con espíritu
de solidaridad. Al considerar la gran importancia de las comunicaciones
sociales, la Iglesia « desea poder entablar un diálogo honrado y respetuoso
con los responsables de los medios de comunicación », un diálogo que atañe
principalmente a la programación de dichos medios. « Este diálogo implica que
la Iglesia se esfuerce en comprender los medios de comunicación —sus
objetivos, sus estructuras internas y sus modalidades— y que sostenga y anime
a los que trabajan en ellos. Basándose en esta comprensión y este apoyo, se
pueden hacer propuestas significativas con vistas a la eliminación de los obstáculos
que se oponen al progreso humano y a la proclamación del Evangelio ».
Pero
la preocupación de la Iglesia también se refiere a la comunicación en y por
la Iglesia misma. Esta comunicación es más que un ejercicio de técnica, pues
« se basa en la comunicación entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y
en su comunicación con nosotros »; y la realización de esta comunicación
trinitaria « llega hasta la humanidad: el Hijo es la Palabra, pronunciada
eternamente por el Padre; y en Jesucristo y por Jesucristo, Hijo y Palabra hecha
carne, Dios se comunica a sí mismo y comunica su salvación a los hombres y
mujeres ».
Dios
sigue comunicándose con la humanidad a través de la Iglesia, portadora y
depositaria de su revelación, a cuyo ministerio de enseñanza viva ha confiado
la tarea de interpretar de modo auténtico su palabra. Además, la Iglesia misma
es una comunión de personas y comunidades eucarísticas que nacen de la comunión
de la Trinidad y se reflejan en ella; por tanto, la comunicación es la esencia
de la Iglesia. Por esta razón, más que por cualquier otra, « el ejercicio de
la comunicación por parte de la Iglesia debería ser ejemplar, reflejando los
elevados modelos de verdad, responsabilidad y sensibilidad con respecto a los
derechos humanos, así como otros importantes principios y normas ».
Hace
tres décadas la Communio
et progressio señalaba que « los medios modernos de comunicación
ofrecen nuevos instrumentos para que la gente se confronte con el mensaje del
Evangelio ». El Papa Pablo VI afirmó que la Iglesia « se sentiría culpable
ante Dios », si dejara de usar los medios de comunicación para la evangelización.
El Papa Juan Pablo II definió los medios de comunicación como « el primer areópago
de la edad moderna », y declaró que « no basta usarlos para difundir el
mensaje cristiano y el Magisterio auténtico de la Iglesia, sino que conviene
integrar el mensaje mismo en esta ‘nueva cultura' creada por la comunicación
moderna ».
Hacer
esto es muy importante hoy en día, no sólo porque los medios de comunicación
ejercen una fuerte influencia en lo que la gente piensa sobre la vida, sino
también porque en gran parte « la experiencia humana como tal ha llegado a ser
una experiencia de los medios de comunicación ».
Todo
esto se aplica al Internet. Y aunque el mundo de las comunicaciones sociales «
puede dar la impresión de oponerse al mensaje cristiano, también ofrece
oportunidades únicas para proclamar la verdad salvífica de Cristo a la entera
familia humana. (...) Pensemos (...) en las grandes posibilidades que brinda
Internet para difundir información y enseñanza de carácter religioso,
superando obstáculos y fronteras. Los que han predicado el Evangelio antes que
nosotros jamás hubieran podido imaginar una audiencia tan vasta. (...) Los católicos
no debemos tener miedo de abrir las puertas de los medios de comunicación
social a Cristo, para que la buena nueva pueda ser oída desde las azoteas del
mundo ».
Extractado
de la introducción del documento LA IGLESIA E INTERNET difundido
por el PONTIFICIO CONSEJO PARA LAS
COMUNICACIONES SOCIALES en 2002.