¿Qué es orar?

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     ¿Consiste en recitar formulas ya hechas? Eso no basta y se corre el peligro de hacer algo impersonal; sin embargo, son necesarias para sentirnos en comunión, para ayudarnos cuando divagamos...

     La oración es hablar con Dios; pero ¿nos oye? ¿Lo "sentimos"? ¿Pareciera que hablamos con un desconocido?

     ¿Es hacerle peticiones a Dios? ¿Qué peticiones? ¿Basta con pedirle? ¿De verdad nos escucha?

Orar es la acción de Dios en nosotros. El Espíritu Santo, suave e imperceptiblemente toca nuestro cuerpo, nuestros sentidos y sentimientos, aclara nuestro entendimiento, nos inclina el corazón a comprender y a gustar las cosas de Dios, es decir las realidades del Evangelio: ver, sentir, juzgar, amar, todas las cosas como Jesús las ve, las siente, las juzga y las ama. Poco a poco,

Cristo nos va despegando de aquellas cosas que no nos dejan vivir en plenitud -a mí y a los demás-, que no nos dejan ser felices, que nos vuelven egoístas. Nos hace salir de nosotros y nos acerca a Él, a su Evangelio. Hace que nazca en nosotros el amor; transforma nuestra voluntad, haciéndola más diligente, atenta a la realidad y a la vida, a lo que sucede a otros y a mí mismo... Este influjo de Dios durante la oración, con frecuencia no es sensible, pero quien tiene el hábito de orar, verifica en su vida cotidiana estos efectos del Espíritu que Cristo nos dejó como regalo.

Para orar hay tantas maneras como personas. El hecho de poder entrar en relación personal con Dios es un don del Espíritu. Por lo tanto, los métodos o maneras no agotan ni pueden limitar la acción de Dios, pero sí son ayudas, y como tales hay que tomarlas. Presentamos diversas maneras que propone San Ignacio en el libro de los Ejercicios Espirituales, adaptándolas y traduciéndolas a nuestro momento.

Las maneras propias de la oración ignaciana son siguientes:

  1. Meditación: Uso de la memoria, el entendimiento y la voluntad.

  2. Contemplación: situarse en una escena, por ejemplo de la vida de Jesús y observar como se suceden los eventos.

  3. Aplicación de los sentidos: Uso de los sentidos: Vista, olfato, gusto, tacto, oído.

  4. Los conocidos como "Tres modos de orar":

Por otro lado, todas estas maneras de hacer la oración ignaciana, tienen un método concreto de llevarla a cabo. Una forma de disponernos a la relación con Dios, la búsqueda de un fruto concreto en ella -sabiendo que el don de Dios es tan grande que en la oración no sólo recibimos ese don pedido, sino otros muchos-, los pasos necesarios para conseguir ese fruto y, finalmente, un examen de dicha oración. Estos pasos los presentaremos en la siguiente revista.

Libros recomendados:

Borrás, Pere: Orar con San Ignacio y Dificultades para Orar. Manresa, Fernando: La Oración con el sentimiento de una presencia.

Varios: Consejos para la Oración. Ed. Paulinas 1989

Fuente: Revista Mirada, Abril-Junio 2010, Guadalajara. Mex.