PUNTUALIDAD

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La puntualidad es un valor relativo a las distintas culturas. Tiene diferente importancia para los suizos que para quienes habitan en regiones donde no se usa el reloj.

La mayor parte de las personas de cultura occidental que viven en las ciudades sí le dan importancia a la puntualidad. Para mí, la puntualidad es un valor y procuro llegar a tiempo a los compromisos; lo cual, viviendo en la ciudad de México, no es poca cosa.

Es cierto que la puntualidad puede convertirse en una obsesión y llegar a ser esclavos del reloj. Pero también podemos ser esclavos de nuestros caprichos o de nuestra desorganización. Hay algunos que tienen la "virtud" de ser constantes... en llegar tarde a todo. La puntualidad es cuestión de interés. Se ha hecho proverbial nuestra impuntualidad: "puntualidad mexicana", se dice con ironía. Pero mexicanos y todo, llegamos a tiempo a lo que nos interesa: el concierto del artista favorito, la salida del avión, la reunión con el jefe...

La puntualidad es un signo de respeto a la otra persona; le decimos que la valoramos y reconocemos la importancia de su tiempo. Por el contrario, algunas personas, en especial las que tienen cargos de autoridad, para darse importancia, hacen esperar a los demás. Ser puntuales nos hará personas confiables.

Un sacerdote que era capellán de una comunidad religiosa en Perú. Siempre comenzaba la Misa a tiempo. Pero un día no llegó a la hora acordada. Las hermanas dijeron: «de seguro le pasó algo grave». Y, en efecto, había sufrido un derrame cerebral. La impuntualidad defrauda las esperanzas de los demás y suscita molestia en ellos.

Si nos decidimos a ser puntuales, de ordinario llegaremos al lugar de la cita con (¿mucho?) tiempo de anticipación. No es espacio perdido; lo podemos aprovechar para leer, reflexionar, orar...

Reflexión propuesta por P. Fernando Torre Medina Mora, M. Sp. S.