PUENTES
El
símbolo del
puente me ha ayudado a comprender mejor
mi sacerdocio. Recuerdo una canción: « Un anhelo ferviente hay en mi
pecho, que sólo Tu conoces, oh Señor: el anhelo de ser toda la vida un puente
entre las almas y tu amor».
Yo tendría unos quince años cuando la escuchépor primera vez. Me
fascinó; me hirió. Sí, eso anhelo: ser puente.
Dos
textos bíblicos me han iluminado. El primero es de san
Pablo: «Hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús,
hombre también, que se entregó a sí
mismo como rescate por todos» (1 Tim 2,5-6). El
otro es de la
carta a los Hebreos: Jesús es «el mediador de una nueva
Alianza» (Hb 12,24). Jesucristo es el puente - pontífice-
que ha unido a Dios y a la humanidad. Pero requiere
de personas que continúen hoy su mediación.
De
un lado está Dios, que desea
acercarse a la humanidad,
que quiere manifestar
la magnitud de su amor a cada persona, que
quiere hacer llegar su salvación a todos. Un Dios
que nos esta esperando con los brazos abiertos, que desea que participemos
de su vida y su gozo. Del otro lado está
una humanidad sedienta de Dios,
necesitada de salvación.
Hombres
y mujeres que buscan
a Dios a ciegas; que necesitan
experimentarse amados
con un amor tierno,
fuerte, infinito y eterno.
Dios está de un
lado; la humanidad, del otro. Hacen
falta personas que unan
estos dos extremos; hacen falta puentes. Y yo quiero serlo. Para eso soy
sacerdote.
Quiero
ser un puente firme, para que Dios pueda
llegar a los demás a través de mí. Que mis palabras,
mis gestos, mis acciones sean revelación de Dios. Que Dios pueda utilizarme
como le plazca para hacer llegar su salvación a todos. Quiero ser
puente ancho, para que cualquier persona pueda acercarse fácilmente
a Dios a través de mí.
Fernando
Torre Medina Mora,
M. Sp. S. Revista
La Cruz.