PREGUNTA A MARÍA

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¿De dónde te ha llegado tan gran bien? Eres virgen, eres santa, has hecho un voto; pero es muy grande lo que has merecido; Y mejor, lo que has recibido. ¿Cómo lo has merecido?

Se forma en ti quien te hizo a ti; se hace en ti aquel por quien fuiste hecha tú; más aún, aquel por quien fueron hechos el cielo y la tierra, por quien fueron hechas todas las cosas; en ti la Palabra se hace carne recibiendo la carne, sin perder la divinidad.

Hasta la Palabra se junta y une con la carne, y tu seno es el tálamo de tan gran matrimonio; vuelvo a repetirlo: tu seno es el tálamo de tan gran matrimonio, es decir, de la unión de la Palabra y de la carne; de él sale el mismo esposo como de su lecho nupcial (Sal 18,6).

Al ser concebido te encontró virgen, y, una vez nacido, te deja virgen. Te otorga la fecundidad, sin privarte de la integridad. ¿De dónde te ha venido?

Quizá parezca insolente interrogar así a una virgen y pulsar inoportunamente con estas mis palabras a sus castos oídos.

Ella me responde:

- «¿Me preguntas de dónde me ha venido todo esto? Me ruborizo al responderte; escucha el saludo del ángel y reconoce en mí tu salvación. Cree en quien yo he creído. ¿Me preguntas de dónde me ha venido eso? Qué el ángel te dé la respuesta».

Dime, ángel, ¿de dónde le ha venido eso a María?

Y este responde con toda tranquilidad:

- «Ya lo dije cuando la saludé: “Salve, llena de gracia”» (Lc 1,28).

Inspirada en la meditación presentada para conmemorar la Anunciación; de la Lectio Divina, Vol 17 (Propio de los Santos II, Editorial Verbo Divino , Pamplona 2005