PEDID
Y RECIBIRÉIS
La actitud de oración de petición es una experiencia
que brota espontánea en la vida de cualquier hombre. Entre las diversas formas
de dirigirse a Dios en actitud orante, la más connatural al hombre es, sin duda
alguna, la de petición.
Esta modalidad de oración radica en la misma esencia del
ser humano, que, no encontrando la razón de su existir en sí mismo, acude, de
modo casi instintivo, a aquel que le puede ayudar en su indigencia.
Toda actitud de petición que se dirige a Dios en demanda
de auxilio implica, por una parte, una concepción de un Dios personal a quien
uno puede invocar como un tú trascendente que tiene capacidad para acoger mi yo
necesitado.
Por otro lado, la petición supone una concepción en la
que el hombre, aun en el despliegue de todo su poder y fuerza, siempre es
dependiente de quien lo ha recibido todo.
Los evangelios aluden frecuentemente a la realidad de la
oración de petición. Ella es la llamada del hombre a Dios buscando el socorro
en su necesidad, la ayuda en su agobio, el consuelo en su aflicción
En este marco de revelación de Dios en la predicación
de Jesús, hay que colocar la faceta de Dios amigo de los hombres.
Jesús, en sus palabras, presenta a Dios en esta línea
de amistad. Siendo Dios el señor y organizador del banquete, eleva de posición
al que ha sido invitado por él, llamándole al mismo tiempo «amigo» (Lc
14,10).La amistad con Dios se granjea mediante el buen empleo de aquello que se
posee. Así nos hacemos a Dios «amigo» (Lc 16,9).
En el marco del mensaje de Jesús sobre Dios, hay que
colocar la parábola que nos transmite San Lucas sobre el amigo que pide y el
amigo que escucha (11,5-8).
"5
Y les dijo: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, si va a él a medía noche
y le dice, amigo, préstame tres panes, 6
pues un amigo mío se presentó a mí de camino y no tengo qué ofrecerle; 7
acaso aquél, respondiendo desde dentro, le dirá "no me molestes, la
puerta está ya cerrada, y mis hijos, como yo, están en la cama; no puedo
levantarme a dártelo"? 8
Os digo, aunque al levantarse no se lo dé por ser su amigo, por la
impertinencia acabará ciertamente por levantarse y le dará cuanto necesita».
El sentido de amistad es el aspecto más primitivo de la
parábola; se contiene en los primeros versículos (v.5- 7), los cuales van
orientados a negar la posibilidad que un amigo rehúse a su amigo lo que le pida
a pesar de ser media noche, estar él y sus hijos acostados, y la puerta
cerrada.
Lo que se subraya en este nivel de la parábola no es la
insistencia del amigo que pide, sino la seguridad del amigo que escucha a su
amigo, la certeza de que le dará lo que le pide, aun a media noche.
La nota de amistad proyectada a Dios con ocasión de la
parábola del amigo está sugerida por la colocación concreta en que San Lucas
ha puesto este pasaje, en una sección unitaria dedicada al tema de la oración
(11,1-13).
Al comienzo, el evangelista presenta a Jesús orando, en
actitud de trato filial con el Padre. Con este motivo, los discípulos piden al
Maestro que les enseñe a orar como el Bautista hizo con los suyos(v.1). Como
respuesta a la petición de los discípulos, Jesús les enseña la oración del
Padrenuestro; se trata de una manera concreta y privilegiada de dirigirse a Dios
invocándole como Padre para impetrar de él todo el rico contenido que
encierra.
Sigue a continuación la parábola del amigo, que no se
puede negar a escuchar la petición de su amigo. De este modo se proyecta sobre
Dios, junto con su realidad de Padre a quien se invoca, el matiz de amigo que no
podrá tampoco rehusar las peticiones que se le eleven.
Al unir el evangelista esta parábola del amigo con la
oración del Padrenuestro, suma así dos facetas en Dios, la de Padre y la de
amigo, ya que al motivo de la amistad suma una nueva fundamentación para la
seguridad de la concesión, la insistencia en la petición.
Este mismo tema de insistencia, lo continuará el
evangelista mediante las palabras que pone a continuación: «pedid y se os dará,
buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá» (11,9).
Retengamos aquí solamente la presentación originaria de
la parábola del amigo que atiende al amigo que se le acerca. Ella nos proyecta
una luz de amistad sobre Dios. Su condición de amigo le hará no cerrarse a
aquellos que, mostrándose también amigos, llamen a sus puertas. Es ésta
precisamente una imagen de Dios que Jesús nos ha transmitido en su mensaje, un
Dios cercano, un Dios amigo que escucha al amigo.
Desarrollada con base a un planteamiento presentado en el
libro “Pedid y recibiréis”, de José Caba, editado por la Biblioteca
de Autores Cristianos, Madrid 1980.