LA PARUSÍA,
PASCUA DE LA CREACIÓN
El
helenismo emplea el vocablo parousia (relacionado con «estar presente»
o «llegar») para referirse tanto al descenso o manifestación de personas divinas en la tierra -con ocasión de una fiesta ritual,
de una intervención milagrosa, etc.- como a las visitas que reyes y príncipes
hacían a las ciudades sometidas a su imperio. Dado que las figuras regias
alcanzan en el ámbito cultural helenístico un rango divino, los usos profano y
sagrado de la palabra se aproximan sensiblemente:
en cualquier caso, se trata de una manifestación triunfal,
de un despliegue de poder en un clima solemne y gozoso. En la época
imperial, la parusía del cesar podía incluso dar lugar a una nueva era, importando un viraje decisivo en la historia; el emperador es
saludado en su parusía como señor y portador de salvación. El pueblo
aguarda con expectación su venida, puesto que de la misma espera
conseguir beneficios excepcionales. Todas estas circunstancias confieren a una parusía
un carácter jubiloso y festivo.
Cuando
los cristianos proclamamos en el Credo no solo nuestra fe, sino también nuestra
esperanza, comenzamos a hacerlo con un articulo situado en el centro mismo del símbolo,
que reza: «..DESDE ALLÍ VENDRÁ CON GLORIA A JUZGAR...». Este
enunciado nos remite a dos categorías teológicas cardinales: parusía y
juicio.
No
se trata de dos nociones adecuadamente distintas; con ellas la fe expresa su
convicción acerca del sentido último de la historia humana. El proceso histórico
en el que estamos comprometidos culminará con un acontecimiento salvador que
afectará todo lo existente.
En
ese punto-omega de la historia, Cristo el Señor vendrá a consumar lo que se
había iniciado en el punto-alfa al que se refiere el primer articulo del Credo «CREO
EN DIOS..., CREADOR DEL CIELO Y DE LA TIERRA». Será entonces cuando la
realidad creada cobre su cabal estatura; cuando Cristo, en la majestad de su
gloria, lleve el Reino de Dios a su plenitud con el juicio escatológico, la
resurrección de los muertos y los cielos y tierra nuevos, de modo que toda la
creación conozca su pascua, su paso de la forma de existencia transitoria a la
forma de existencia definitiva.
Sobre
estos artículos del Credo conviene a
partir del modo como se ha proclamado la esperanza de la parusía, indagar hasta
qué punto sigue siendo válido para nosotros lo que
en ella se expresa y, dado que tal expresión es enunciada en futuro,
qué relación puede tener no tanto con la historia que acaecerá como
con la historia que está teniendo lugar.
El
vocabulario con que el Nuevo Testamento alude al acto final de
la historia es rico y variado, acreditando la trascendencia que dicho
acto alcanza en los autores del Nuevo
Testamento.
En
efecto, la parusía se conecta inmediatamente con:
El
fin del mundo.
Mt
24, 3.27.37.39
3.
Y estando después sentado en el monte de los Olivos se acercaron algunos de los
discípulos y le preguntaron en secreto: Dinos ¿cuándo sucederá eso? ¿Y cuál
será la señal de tu venida y del fin del mundo?
27.
Porque como el relámpago sale del oriente y se deja ver en un instante hasta el
occidente, así será el advenimiento del Hijo del hombre.
37.
Lo que sucedió en los días de Noé, eso mismo sucederá en la venida del Hijo
del hombre.
39.
y no pensaron jamás en el diluvio, hasta que le vieron comenzado, y los arrebató
a todos, así sucederá en la venida del Hijo del hombre.
1
Tes 2,19
19
Pues,
¿quién, sino vosotros, puede ser nuestra esperanza, nuestro gozo, la corona
de la que nos sentiremos
orgullosos, ante nuestro Señor Jesús en su Venida?
1
Tes 3,13
13
Para
que se consoliden vuestros corazones con santidad irreprochable ante Dios
Nuestro Padre, en la venida de nuestro Señor Jesucristo, con todos sus santos
2
Pe 3,4.12
4
que
dirán en son de burla: «¿Dónde queda la promesa de su Venida? Pues desde que
murieron los Padres, todo sigue como al principio de la creación.»
12
esperando
y acelerando la venida del Día de Dios, en el que los cielos, en llamas, se
disolverán, y los elementos, abrasados, se fundirán.
Fin
del mundo presente seguido de una nueva creación
y un juicio
1
Tes 5,23
23
Que
Él, el Dios de la paz, os santifique plenamente, y que todo vuestro ser, el espíritu,
el alma y el cuerpo, se conserve sin mancha hasta la Venida de nuestro Señor
Jesucristo.
Sant
5,7
7
Tened, pues, paciencia, hermanos, hasta la Venida del Señor. Mirad: el labrador
espera el fruto precioso de la tierra aguardándolo con paciencia hasta recibir
las lluvias tempranas y tardías
1
Jn 2,28).
28
Y
ahora, hijos míos, permaneced en él para que, cuando se manifieste, tengamos
plena confianza y no quedemos avergonzados lejos de él en su Venida.
El
texto de 1
Tes 4,13-18 es «LA DESCRIPCIÓN MÁS DIRECTA Y COMPLETA DE LA PARUSÍA»;
la inspiración bíblica es
evidente, con la profusión de rasgos típicos
de la apocalíptica judía (la
voz del arcángel, el toque de trompeta,
las nubes, la resurrección de los muertos).
13
Hermanos, no queremos que estéis en la ignorancia respecto de los muertos, para
que no os entristezcáis como los demás, que no tienen esperanza.
14
Porque si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios
llevará consigo a quienes murieron en Jesús.
15
Os decimos esto como palabra del Señor: Nosotros, los que vivamos, los que
quedemos hasta la Venida del Señor no nos adelantaremos a los que murieron.
16
El mismo Señor bajará del cielo con clamor, en voz de arcángel y trompeta de
Dios, y los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar.
17
Después
nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto
con ellos, al encuentro del Señor en los aires. Y así estaremos siempre con el
Señor.
18
Consolaos, pues, mutuamente con estas palabras.
Finalmente
en 2 Tes 2, cuyo contexto describe
las tribulaciones y el combate previos al fin de la historia.
1
Por lo que respecta a la Venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra
reunión con él, os rogamos, hermanos,
2
que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestro ánimo, ni os alarméis
por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta
presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el Día del Señor.
3
Que
nadie os engañe de ninguna manera. Primero
tiene que venir la apostasía y manifestarse el Hombre impío, el Hijo de
perdición,
4
el Adversario que se eleva sobre todo lo que lleva el nombre de Dios
o es objeto de culto, hasta el extremo de sentarse él mismo en el
Santuario de Dios y proclamar que él mismo es Dios.
5
¿No os acordáis que ya os dije esto cuando estuve entre vosotros?
6
Vosotros sabéis qué es lo que ahora le retiene, para que se manifieste
en su momento oportuno.
7
Porque el misterio de la impiedad ya está actuando. Tan sólo con que
sea quitado de en medio el que ahora le retiene,
8
entonces se manifestará el impío, a quien el Señor destruirá con
el soplo de su boca, y aniquilará con la manifestación de su Venida.
9
La venida del impío estará señalada por el influjo de Satanás, con
toda clase de milagros, signos, prodigios engañosos,
10
y todo tipo de maldades que seducirán a los que se han de condenar por
no haber aceptado el amor de la verdad que les hubiera salvado.
11
Por eso Dios les envía un poder seductor que les hace creer en la mentira,
12
para que sean condenados todos cuantos no creyeron en la verdad y prefirieron la
iniquidad.
13
Nosotros, en cambio, debemos dar gracias en todo tiempo a Dios por vosotros,
hermanos, amados del Señor, porque Dios os ha escogido desde el principio para
la salvación mediante la acción santificadora del Espíritu y la fe en la
verdad.
14
Para esto os ha llamado por medio de nuestro Evangelio, para que consigáis la
gloria de nuestro Señor Jesucristo.
15
Así pues, hermanos, manteneos firmes y conservad las tradiciones que habéis
aprendido de nosotros, de viva voz o por carta.
16
Que el mismo Señor nuestro Jesucristo y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y
que nos ha dado gratuitamente una consolación eterna y una esperanza dichosa,
17
consuele vuestros corazones y los afiance en toda obra y palabra buena.
Pero
donde la parusía
aparece
más ostensiblemente es en 1 Cor 15:
La
venida de Cristo (v.23) pone en marcha el proceso entero de la consumación;
23
Pero cada cual en su rango: Cristo como primicia; luego los de Cristo en su
venida.
El
fin del
mundo presente,
la resurrección de los muertos, el juicio que comporta la derrota de los enemigos (v.24-26);
24
Luego, el fin, cuando entregue a Dios Padre el Reino, después de haber
destruido todo principado, dominación y potestad.
25
Porque él debe reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies.
26
El ÚLTIMO ENEMIGO en ser destruido será la MUERTE.
La
nueva creación en la que Dios será «TODO EN TODAS LAS COSAS» (v.28).
28
Cuando hayan sido sometidas a él todas las cosas, entonces también el Hijo se
someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo
en todos.
Así
pues, esta venida de Cristo concluye y
consuma la historia en cuanto HISTORIA DE
SALVACIÓN.
Por eso se enlaza invariablemente con los diversos aspectos del Reino de Dios llegado a su plenitud.
Es,
con toda verdad, una venida
en poder;
de
ahí que entrañe automáticamente la derrota de las potestades adversas, la
glorificación de los que ya ahora pertenecen a Cristo, el juicio,
el fin del mundo actual y la renovación cósmica.
Desarrollo
basado en el libro “La Pascua de la Creación” de Juan L. Ruiz de
la Peña, dentro de la Serie Manuales de Teología de la Biblioteca de
Autores Cristianos, Madrid 2000. Referencias bíblicas tomadas de la
“Nueva Biblia de Jerusalén” editada por Desclée De Brouwer,
Bilbao 1999