Participar en la Construcción del Reino de DIOS
La Palabra de Dios presenta la posibilidad de hacer, de construir, de trabajar en torno a un proyecto como algo real en cada momento de la historia, incluso en los más tenebrosos.
Ante el hundimiento de cierto modelo de vida y la disgregación de los valores tradicionales, sería un acto de desconfianza decir: «No puedo hacer nada». Sería, además, vivir fuera del tiempo intentar volver a poner en pie viejas instituciones, echando de menos con nostalgia la vida de un tiempo pasado, mostrándonos incapaces de dialogar con el mundo actual.
El compromiso que tenemos es el de construir el Reino de Dios en
el hoy, reconociéndolo como tiempo de salvación en el que Dios nos pide que
trabajemos en su nombre.
Pablo, en un pasaje de la primera Carta a los Corintios, habla de la obra de edificación de la comunidad, de trabajar con el mejor material, que será valorado al final (1 Cor 3,12-17).
Del mismo modo que las construcciones son sometidas a prueba en los cataclismos, así los desbarajustes de la historia ponen a prueba la resistencia de una comunidad cristiana, el aguante de nuestra fe.
En determinados momentos se ve cómo hemos construido, qué material hemos empleado, en qué proyectos está basado. ¿Se apoya nuestra casa en la roca que es Cristo (cf. Mt 7,24-27)?
La certeza de que habrá un final no puede llevarnos a dejar de
remar, sino a garantizar un futuro a nuestros hermanos, a obrar de modo que
todos se sientan inflamados y alegrados por la aparición del «sol de justicia».
De ahí la imposibilidad de huir de este tiempo.
El trabajo cotidiano, sea del tipo que sea, es el lugar de la fiel espera de la intervención definitiva de Dios por parte del hombre, es el lugar donde, como cristianos, estamos llamados a dar un buen testimonio de Cristo. La vida cotidiana, el silencio, la sencillez, son los caminos que hemos de escoger, en este tiempo, para hablar de la sabiduría ante los poderosos del mundo.
ORACIÓN
Señor Jesús, concédeme hoy tu espíritu de perseverancia, para llevar adelante los compromisos que me han sido confiados.
Concédeme poder amar a los que me persiguen y haz que, a tu vuelta, me puedas encontrar dispuesto.
Que yo pueda resplandecer por tu justicia delante de los hombres gracias a tu luz en el momento de tu venida.
Extractado de la LECTIO DIVINA. Volumen 15. Domingos del Tiempo Ordinario, Ciclo C. Editorial Verbo Divino. Navarra 2004.