PARA EL INICIO DEL ADVIENTO

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«Dios todopoderoso, aviva en tus fieles, al comenzar el Adviento, el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene, acompañados por las buenas obras».

Estas palabras de la oración inicial para la liturgia del primer domingo de Adviento (ciclo “A”), nos indican con exactitud, el sentido de cuanto estamos viviendo. Dios, como Padre, está en el origen de todo bien y de nuestra misma vida, y nos pone como punto de llegada de nuestro camino a «Cristo que viene».

Nuestra existencia se desarrolla totalmente entre esta gracia de Dios que nos precede y la plena configuración con Cristo hacia la que nos encaminamos. Es, pues, su gracia la que suscita en nosotros esa capacidad para emprender el camino con obras buenas.

Mientras estamos de camino, la Palabra de Dios nos exhorta a ser como el profeta capaces de tener "visiones". No en el sentido de abrigar sueños ilusorios, sino en el sentido de saber mirar a lo lejos: incluso si la ciudad está llena de idolatría, infidelidad, injusticia, el papel de la Iglesia es el de volverse hacia Dios, testimoniando que él es el único y llama a todos a sí.

Orientándose y orientando a los otros a Dios, nuestra comunidad creyente manifiesta también el deseo de justicia que está en todos nosotros.

Por otra parte, la Palabra nos invita a ser como el dueño prudente de una casa que sabe vigilar el tesoro que posee. Jesús no teme usar la imagen del ladrón, y es que corremos el gran riesgo de no acoger la gracia de Dios que se nos brinda y que nos la puedan robar por nuestra pereza, nuestra ignorancia, nuestra irresponsabilidad.

No basta construir el signo del arca, como en tiempos de Noé, si luego esta arca no nos enseña a volver a Dios.

ORACIÓN

Es tu amor, Padre, el que nos pone de nuevo en camino hacia tu Hijo que viene.

Te agradecemos este tiempo que nos regalas para poder acogerte y todas las ocasiones que nos brindas.

Concédenos dejarnos visitar por tu gracia y que nuestra voluntad se deje sacudir por tu venida.

Padre, destierra de nosotros la pereza, la desgana y la desidia de ver "siempre lo mismo" y enséñanos a ponernos de nuevo en camino.

Vence nuestra ignorancia que piensa conocerte ya lo suficiente. Vence nuestra tibieza que nos lleva a pensar que te amamos bastante. Vence nuestras rutinas que nos hacen creer que ya no podemos descubrir nada nuevo en tu compañía.

Después de conocer la luz, ayúdanos a no desear más el mundo de las tinieblas; después de haber intuido el camino de la paz, no permitas que seamos tentados por la arrogancia y el egoísmo.

Después de que nos has revestido del Señor Jesús y de introducirnos en la vida del Espíritu, no permitas que nos dejemos seducir por los deseos carnales.

Obra: “Lectio Divina” Volumen 1: Tiempo de Adviento. Edición a cargo de Giorgio Zevini y Pier Giordano Cabra, Editorial Verbo Divino, Brescia 1999.