LA ORACIÓN DE PETICIÓN

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«Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el Sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tinieblas y sombras de muerte
para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.»  
Lc 1, 78-79

¿Realmente creemos que Dios se hizo hombre?

Si estamos convencidos, nos debe quedar claro que el verdadero Dios tiene que sentir muy humanamente, y por tanto, la tierra y lo que ocurra en ella no puede ser para Él de poca o nula importancia.

Y si es cierto que Dios es el Señor del mundo y que nos enseñó a rezar el Padrenuestro con la petición del «pan de cada día» y la del «líbranos del mal», hay que suponer, evidentemente, que también la petición a este Dios pertenece a los poderes reales de este mundo.

Podemos dejar aquí tranquilamente las discusiones y opiniones sobre la compatibilidad de la oración de petición y la soberanía, libertad absoluta e inmutabilidad de Dios.

El hecho de que esta oración (de petición) sea a la vez suma "terquedad" (porque se relatan a Dios los propios deseos) y suma "resignación" (se reza a quien no se puede forzar... sino sólo pedir)... hace que la oración de petición, en cierto sentido, sea no el inferior, sino el más perfecto modo humano-divino de orar.

Si no, ¿por qué no nos enseñó el, Señor un himno, en lugar de siete peticiones?

¿No está claro que Jesús conoce nuestras inquietudes primarias, acorde a nuestra naturaleza?

Los cristianos deberíamos rezar más terca y más humildemente, en voz más alta y con más insistencia...

A fin de cuentas, la oración de petición, la concreta, realísima y clara oración de petición, es un poder en el mundo y en su historia, en el cielo y en la tierra.

Autor: Karl Rahner, S.J.adaptación del C. M. Alfonso Marín, inspirado en la meditación planteada en el Misal Mensual. Julio 2011. Buena Prensa, México.