NOS DEMOSTRASTE TU AMOR
Señor, Tú eres el Hijo Santo de Dios. Todo lo que nos pides es un simple y confiado "sí".
Hiciste todo lo que estaba a tu alcance para mostrarnos tu amor y el amor de tu Padre:
Ø
Te
hiciste un niño pequeño y dependiente para mostrarnos toda tu debilidad;
Ø Te convertiste en un refugiado en Egipto para que aprendiéramos a ser solidarios con todos los que son despojados de sus hogares;
Ø Creciste obedeciendo a tus padres para mostrarnos cuán cerca de nosotros estás en el período de la adolescencia, cuando andamos en búsqueda de nuestra identidad;
Ø Trabajaste muchos años como un simple carpintero para que supiéramos que querías estar con nosotros en nuestra labor cotidiana;
Ø Fuiste tentado en el desierto para enseñarnos a resistir las fuerzas del Demonio que nos rodean;
Ø
Te
rodeaste de discípulos para enseñarnos a compartir nuestros ideales con otras
personas y trabajar juntos en el ministerio;
Ø Nos predicaste las palabras de Dios para mostrarnos tu verdad y enseñarnos a ser nosotros mismos testigos de la verdad;
Ø Sanaste al enfermo y resucitaste al muerto para que supiéramos que tu presencia da vida a toda la persona, al cuerpo y al alma;
Ø Te transfiguraste para que conociéramos tu esplendor divino; transitaste el largo camino de dolor y muerte para mostrarnos que no permaneces indiferente ni en la más dolorosa de las experiencias humanas.
Tú, Verbo eterno del Padre, sigues realizando acciones que te acercan más y más a nosotros, para revelarnos la pureza y el amor de tu corazón.
Reflexión de Henry Nouwen, de Grupo Editorial LUMEN del libro “Lo que murmura el viento”, de la Colección “Antología Espiritual”, Argentina 2003