NO DEJE ABIERTA INÚTILMENTE LA LLAVE...

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Ni la del agua, porque luego ya ven lo escasos que andamos del vital líquido... y los "cuentones" que nos llegan en los recibos...

Pero, tampoco dejemos abierta la de la VIDA.

Ambas cosas por ese elemental sentido de que no hay que desperdiciar lo que nos es de tanta utilidad.

Para no desperdiciar el agua, hay dos fórmulas: o cerrar la llave cuando no la estamos utilizando o mandarla arreglar en caso de que gotee cuando se encuentra cerrada.

Para no desperdiciar la vida (dado que no podemos cerrar esa llave, por lo menos legal y cristianamente) lo único indicado es buscar alguna fórmula para hacer rendir al máximo cada gota de las que irremediablemente caen cada segundo, cada hora, cada día y cada año de nuestra existencia aquí en la tierra.

He aquí la fórmula: ofrezca cada mañana todo lo de su día: su trabajo, cansancio, disgustos, alegrías, diversiones y descansos, pisotones en el transporte público, el mal rato pasado en la oficina por el regaño del jefe, la alegría del telefonazo que recibió, el detalle de uno de sus hijos, el platillo que tanto le gustó... todo unido al sacrificio de Cristo en la Misa, por medio de las manos de la Virgen y por las intenciones del Papa.

Así, no hay una gota de nuestra vida, ni dormidos ni despiertos, que se desperdicie.

No es necesario utilizar ninguna fórmula establecida. Basta con que -como los toreros- le brindemos a Dios nuestro día con un "va por ti, Señor".

Misal Mensual Junio 2010. Buena Prensa. México