MARÍA: LA MUJER DEL COMPROMISO ACTIVO
María dijo entonces: «....desplegó la fuerza de su brazo, dispersó a los soberbios de corazón. Derribó a los poderosos de su trono y elevó a los humildes» (Lucas 1, 46.51-52).
La soberbia y el poder suelen ir juntos. Pero Dios atiende a los postergados de la historia y María puede cantar su amor por los humildes y sencillos Parece adelantarse al anuncio de su Hijo que vino a anunciar la Buena Noticia a los pobres. Allí está su fuerza y su compromiso.
«La mujer
de nuestra época, deseosa de
participar
con poder de decisión en las elecciones
de la comunidad, contemplará con íntima
alegría a María, que puesta en diálogo
con Dios, da su consentimiento
activo y responsable, no a la solución de un
problema contingente, sino a la obra
de los siglos [...].
Comprobará con gozosa sorpresa que María de Nazaret, aun habiéndose abandonado a la voluntad del Señor, fue algo muy distinto de una mujer pasiva o de religiosidad alienante. Por el contrario, fue un mujer que no dudó en proclamar que Dios hace justicia a los humildes y a los oprimidos, derribando a los poderosos de su trono.
Reconocerá en María, que sobresale entre los humildes y los pobres del Señor, a una mujer fuerte, que conoció la pobreza y el sufrimiento, la huida y el exilio. Estas situaciones no pueden escapar a la atención de quien quiere secundar con espíritu evangélico las energías liberadoras del hombre y de la sociedad.»
De la Encíclica “Marialis Cultus” de S. S. Paulo VI.
Del libro “Mes de María, madre del pueblo”. Comentarios y selección de textos de Eduardo A. González. Editado por San Benito. Buenos Aires 2001.