MOMENTOS DIFÍCILES

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Nada acaece en la vida por casualidad o por necesidad, sino en virtud de una providencia, la cual, aunque en ocasiones resulte difícil identificar, no obstante, siempre está presente y activa en la historia de los hombres.

Ahora, en relación al sentido del sufrimiento humano, en todas sus expresiones, quienes creemos no podemos pasar por alto esta premisa, pues todo hombre tiene necesidad de elegir hacia dónde quiere orientar su vida, y no puede dejar de depender de sus propias convicciones.

Dios respeta plenamente esta exigencia nuestra y, sale al encuentro de nuestra necesidad de luz y de claridad usando diversos medios, entre otros su Palabra, manifestada en la Sagrada Escritura.

Para el creyente, Dios está en el vértice de toda atención y de todo proyecto. Todo lo que constituye la red y el trenzado de nuestras relaciones adquiere significado y valor, sólo si de deriva de nuestra relación con Dios y conduce a Él.

Esta verdad constituye una fuerza vital que es capaz de regenerar y de motivar todas nuestras decisiones. Para el creyente, Dios debe estar en el centro de todo su pensamiento y de todos sus proyectos; pues en caso contrario, no se podría hablar de fe.

Tener a Dios en el centro de nuestra propia vida, significa no olvidarle nunca ni sustituirle con ídolos, o dejarnos distraer por nuestras afecciones desordenadas, u otras adicciones que nos esclavicen.

Adaptado por el C. M. Alfonso J. Marín González