En
todo tiempo se celebra el misterio de Cristo, con una referencia al misterio
pascual de pasión y de gloria. ¿Cuál es entonces la especifica celebración
de Cristo en la Cuaresma?
Podemos
decir que la Cuaresma, a través de la pedagogía de la Iglesia, hace una
primera referencia a Cristo que se encamina hacia Jerusalén, hacia el
cumplimiento de su misterio pascual. Es, por lo tanto, la celebración de este
doloroso y luminoso itinerario hacia la Pascua en el que se anticipa la vivencia
concreta del misterio de dolor y de gloria, de muerte y de vida.
Cristo,
caminando hacia Jerusalén, arrastra consigo a toda la Iglesia
hacia el momento decisivo en la historia de la salvación.
Se
puede ver la
Cuaresma en una perspectiva cristológica con tres palabras claves: Cristo protagonista,
modelo, maestro de la Cuaresma.
Los
evangelios de los domingos de Cuaresma, en los tres ciclos, nos
presenta a Cristo como protagonista. El se retira al desierto para orar, se
transfigura en
la montaña, encuentra a la samaritana y la salva, le presentan al ciego de nacimiento
y lo cura, borra la muerte del amigo Lázaro y lo resucita.
Él
es dueño de la historia y avanza hacia el misterio pascual sembrando la
salvación. La lectura del evangelio de Juan, a partir de la IV semana de Cuaresma,
pone de relieve este camino que Jesús cumple conscientemente hacia la Pascua,
en contraste con sus adversarios, plenamente consciente de su
sacrificio «para
reunir a los hijos de Dios dispersos por el mundo ».
El
tiempo de Cuaresma y su duración simbólica de cuarenta días tienen su modelo
en Cristo que se retira al desierto para orar y ayunar, que combate y
vence al demonio con la palabra de Dios.
Es
emblemático que el evangelio del primer
domingo de Cuaresma ponga de relieve esta ejemplaridad.
Una idéntica y complementaria dimensión del misterio pascual nos la proponen
en los tres ciclos los evangelios del segundo domingo con el
relato de la Transfiguración. Aquí aparece Jesús en oración, pero en una oración
que es gloria y anticipa de alguna manera su glorificación definitiva.
Para
la Iglesia es tiempo de purificación y de iluminación según la terminología
del Ritual de la Iniciación de Adultos, especialmente para los iluminados,
pero también para todos los fieles llamados a revivir estas dimensiones
del bautismo cristiano.
La
lucha y la gloria, la tentación y la glorificación,
son una anticipación simbólica y real de la cruz y la resurrección, en
Cristo y en el cristiano.
La
distribución de las lecturas evangélicas durante las ferias de Cuaresma
refleja el deseo de la Iglesia de orientar a toda la comunidad a la escucha
del Cristo maestro en los temas fundamentales de la vida cristiana, especialmente
en las exigencias del seguimiento y del discipulado.
De
este modo
Jesús es a la vez maestro, modelo y protagonista. Esta dimensión cristológica
es puesta de relieve en la colecta del primer domingo de Cuaresma
al proponer como objetivo: «avanzar en la inteligencia del misterio de
Cristo y vivirlo en su plenitud».
Basada
en el libro “El año litúrgico. Memorial de Cristo y mistagogía de la
Iglesia” de Jesús Castellano, volumen 1 de la Biblioteca Litúrgica
editada por Centre de Pastoral Litúrgica, Barcelona 1996