MAYO, MES DE MARÍA

El primero, que se sepa, que asoció el mes de mayo con la figura de María, fue Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León (1284). En una de sus Cántigas, dedicada a celebrar las fiestas del tiempo de mayo, ve en la devoción a María el modo de coronarla dignamente y de honrarla con gozo.

Cantando el mes de la primavera, se invita a invocar a la Virgen para que abunde en bendiciones espirituales y materiales.

Sin embargo, parece que los preludios de esta práctica se remontan a la época del Renacimiento. En Roma el mes mariano comenzó a perfilarse con san Felipe Neri (+1596), el cual enseñaba a los jóvenes a hacer obsequios a la Virgen con alabanzas, flores y virtudes. Posteriormente, la difusión del mes llevará a desarrollar las temáticas en tres líneas:

A partir de León XIII (Papa de 1878 a 1903), hasta Juan Pablo II,  el mes de mayo es vivamente recomendado en diversas encíclicas. 

Para nadie es desconocida la profunda devoción que Su Santidad Juan Pablo II, le profesó durante toda su vida, y como prácticamente en cualquiera de sus diversas predicaciones y exhortaciones, siempre concluían con una referencia a Nuestra Santísima Madre.

Ya el nuevo Romano Pontífice Benedicto  XVI, ha empezado a dar muestras de que seguirá la línea de sus ilustres predecesores, y así al final de su primera bendición "Urbi et Orbe", al asumir la Cátedra de San Pedro, termina diciendo:

«En la alegría del Señor resucitado, 
confiados en su ayuda permanente, 
sigamos adelante. 
El Señor nos ayudará. 
María, su Santísima Madre, 
está de nuestra parte»

Antes del Concilio Vaticano II (1962-1965) la teología mariana era más bien dirigida al corazón, a los sentimientos, a la piedad popular, y muchas veces se le celebraba desvinculado de la Cristología y la Eclesiología. Se acentuaba, para esta devoción mariana, más la referencia cosmológica, naturalista, que la palabra de Dios propiamente dicha.

También el mes de mayo estaba desligado de la liturgia, formando dos paralelos: uno de la piedad popular y otro de la liturgia oficial. La Lumen Gentium del Vaticano II pone de relieve que:

«...el culto hacia María se manifiesta en veneración, en amor, en la invocación, imitación y servicio, ...para que Cristo sea mejor conocido, amado, glorificado y, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandamientos»
(n. 66).

Sin embargo, a pesar de la crisis mariana postconciliar, el éxito del mes de mayo demostró que esta devoción respondía verdaderamente al sentimiento popular.

Y así, esta práctica propuesta a los fieles para una revisión de vida y fortalecimiento de la fe acompañada de buenas obras, sigue hoy vigente.

Lástima que durante el mes de mayo, en la mayoría de los templos, se maneja mayoritariamente como una celebración diseñada para que participen niños y niñas, en muchos casos vestidos de manera especial para el caso, y que con sus flores en la mano llegan a su altar para ofrecerlos a la Virgen.

Generalmente son acompañados de su mamá o abuelitas, que sentimentalmente les hace recordar que hay también una Madre Celestial que vigila sobre sus hijos.

Desgraciadamente esta práctica se ha visto disminuida en forma muy considerable en la República Mexicana, sobre todo en las grandes ciudades.

Somos muchos los que estamos inquietos porque consideramos que desde el punto de vista pastoral, se necesita un cambio de mentalidad y una actualización del mes mariano, y que para una renovación de este ejercicio de la piedad popular, es necesario que no sea inspirado en motivos nostálgicos, sino en la verdadera y excelsa figura de María, con el privilegio de Madre de Dios y Primicia de los Creyentes, pero también como la más perfecta discípula de Cristo, Mujer nueva y perfecta cristiana (Cfr. Exhortación Marialis Cultus (MC) de Su Santidad Paulo VI, referencia nn. 35,36):

«En efecto, la múltiple misión de María hacia el pueblo de Dios es una realidad sobrenatural operante y fecunda en el organismo eclesial: ... reproducir en los hijos los rasgos espirituales del Hijo primogénito»
(MC 57).

Así algunas personas han sugerido a los agentes de pastoral (sacerdotes y laicos) presentar en el mes de mayo la figura de María, no sólo con el rezo del rosario y ofrecimiento de flores, sino con la lectura de la palabra de Dios, explicada con sencillez y claridad, para así descubrir su verdadero rostro materno: la Virgen oyente, la Virgen creyente, la Virgen orante, la Virgen oferente (MC 17-21).

No se trata sólo de orar a María, sino como María, en el espíritu profético y liberador del Magnificat (Lc 1,46-55).

San Ambrosio, hablando a los fieles, con mucho acierto les auguraba:

«Que el alma de María esté en cada uno para alabar al Señor; que su espíritu esté en cada uno para que se alegre en Dios»
(MC
21).

Por lo tanto, consideran que para que el mes mariano pueda incrementar sus frutos, los fieles deben ampliar su visión sobre María: como modelo de virtudes evangélicas, y esforzarse para traducirlas en su vida cristiana.

«Ya tal progreso en virtud aparecerá como consecuencia y fruto maduro de aquella fuerza pastoral que brota del culto verdadero tributado a la Virgen»
(MC 57).

En nuestras Congregaciones Marianas de la Parroquia de la Sagrada Familia en la Colonia Roma, en México, D. F., todos los días del mes de mayo, iniciamos con el rezo del Santo Rosario.

A continuación se celebra la Eucaristía correspondiente al día, y se inicia la Exposición del Santísimo Sacramento, rindiéndole los honores que tan solemne ocasión amerita, en seguida, con profunda devoción se procede al ofrecimiento de flores a la Santísima Virgen. Aquí lo curioso es que más del 95% de los que hacemos este ofrecimiento, somos adultos mayores.

Continuando con la celebración se realizan diversas oraciones y cantos, que a quienes le interese, puede ver en:

http://www.congregacionesmarianas.org/mayo_maria2.htm

El punto siguiente, consiste en una meditación propuesta por el Asistente Eclesiástico de nuestras Congregaciones, la cual varía de un año al otro, y se caracteriza precisamente por contemplar la figura de la Santísima Virgen, vinculada a aspectos tanto Cristológicos como relacionados con el Magisterio de la Iglesia.

Termina la celebración con la solemne Bendición con el Santísimo, y algún canto de despedida a Nuestra Madre del Cielo.

Como puede apreciarse, las Congregaciones Marianas han sido beneficiarias de las gracias del Señor, para poder dar a la celebración del mes de Mayo, el carácter que se plantea tanto en los documentos conciliares, como en los que posteriormente ha emitido el Magisterio, particularmente la multicitada exhortación Marialis Cultus, de S.S. Paulo VI.

Si vives en el Distrito Federal, o bien tienes oportunidad de visitarlo, no te pierdas la ocasión de asistir a esta bellísima ceremonia que a lo largo de la mayor parte de los 75 años que tienen de vida nuestras Congregaciones, hemos podido llevar a cabo con profunda devoción, todos y cada uno de los días del mes de mayo.

¡A Jesús por María!

Artículo elaborado por el Congregante Mariano Alfonso de Jesús Marín González, Editor del sitio web  http://www.congregacionesmarianas.org, con algunas referencias citadas en el “Diccionario de Mariología” de Fray Valerio MacCagnan, de Ediciones Paulinas, México 2004.