MARÍA Y LA MISERICORDIA DE DIOS

«Y su misericordia se extiende de generación en generación». (Lc 1, 50)

La profecía de la Santísima Virgen que se refiere a la Misericordia de Dios, afirma que no se agotará jamás y seguirá ejerciéndose, ahora más que en los siglos anteriores a la venida de Jesucristo, de generación en generación, hasta el fin de los tiempos.

Porque en el cielo ya no necesitaremos de la Misericordia que perdona y salva, sino de la Mi­sericordia que beatifica, objeto de nuestra eterna gratitud.

Ya el Antiguo Testamento, a pesar de ser la ley del temor, anuncia, proclama y bendice la Misericordia de Yaveh.

Los lugares en que lo hace son tantos, que sólo enumerarlos sería demasiado prolijo.

Hay salmos completos cuyo tema único es éste y, por lo menos, de los 150 salmos, 87 nos hablan de ella, es decir, más de la mitad.

Tiene también el Antiguo Testamento, comparaciones conmovedoras sobre este mismo asunto.

Las citas serían interminables.

¿Qué diremos entonces del Nuevo Testamento, de la Ley de gracia, de la Ley del amor y de la misericordia?

Porque la misericordia no es otra cosa que el amor a los miserables, que somos todos nosotros. De manera que el amor, innegable y patente, de Dios a los hombres tiene necesariamente este matiz de misericordia, de indulgencia, de compasión, de perdón. Como el padre del hijo pródigo, Dios con el manto regio de su amor misericordioso cubre todas las miserias de sus hijos pródigos...

Les propongo esta petición:

Que el «Dios de las misericordia y de todo consuelo», por el Corazón compasivo de nuestra Madre, nos conceda la gracia de comprender siquiera algo de los tesoros de misericordia que encierra su Corazón divino y no dudar jamás de ella

Pero también les propongo que hagamos un ofrecimiento:

En honor de María, nuestra Madre Santísima, seamos indulgentes con las fallas y defectos de nuestro prójimo.

Recopilado por el C. M.  Alfonso de Jesús Marín González.