En
la salve invocamos a María con el
doble título de Reina y Madre. La
realeza de María no es un episodio
distinto de la Asunción gloriosa
y plena glorificación con Cristo.
La función que María ejerce
en el cielo tiene un paralelo bíblico.
En
la dinastía davídica, la "Reina Esposa"
no era un cargo oficial. En cambio,
sí era cargo oficial el de "Reina
Madre" del Rey. Lo vemos en
el libro primero de los Reyes (iRe
1,15;
2, 18). Betsabé,
siendo sólo
esposa
del
Rey, se postra ante
David.
En
cambio, una vez muerto
David, al acercarse a su Hijo
Salomón, éste se levanta, se postra ante ella y le pone un trono a su derecha
como Reina Madre.
La Reina Madre no gobierna, pero
intercede, suplica, expone los
problemas ante el Rey.
María
es la Reina Madre del único Rey que gobierna la Iglesia y el
mundo. Es la Reina Madre que intercedió
en Caná para la realización
del primer milagro y ahora
intercede en favor de todos sus
hijos.
Pío
XII proclamó a María Reina.
Pablo
VI, Madre
de
la Iglesia, y Juan
Pablo II le da los dos títulos
en la encíclica Madre
del Redentor.