MARÍA, PRIMERA IGLESIA Y MUJER EUCARÍSTICA
El
don de Dios al mundo se realizó gracias a una mujer, bendita entre todas las
mujeres, que creyó y que se entregó sin condiciones a la Palabra misteriosa de
su Señor.
María de Nazaret es la mujer por excelencia que respondió "sí" al Dios de la alianza, cumpliendo así, en la Anunciación, la profecía de la Hija de Sión, convirtiéndose en la Iglesia naciente. Su "sí" acompañó la encarnación del Verbo de Dios desde el primer momento de su concepción hasta su muerte y resurrección.
Ninguna otra criatura poseerá una memoria tan concreta del Verbo que se hizo carne y hasta su carne eucarística. Ningún otro ser humano sabe con tanta perfección lo que significa la misericordia, el perdón, la compasión, y el sufrimiento del Amor redentor.
No tenemos ninguna información de que María estaba presente en la última Cena, cuando se instituyó el rito de la nueva alianza, pero ella estaba al pie de la cruz, cuando se consumó el sacrificio del Cordero que quitó el pecado del mundo.
María es
la Mujer eucarística por excelencia, la nueva Eva llena de disponibilidad para
dejar abierta la fecundidad del nuevo Adán.
En Ella y por Ella, la Iglesia está en comunión de forma perfecta con la cruz, con la ofrenda sacrificial del Hijo de Dios. Compartiendo con Ella la gloria de ser la Esposa del Cordero, la Iglesia contempla a María al pie de la cruz como el ícono doloroso y glorioso de su propio misterio de comunión. Junto con la Virgen inmaculada que se convierte en la Madre de toda la humanidad reconciliada, la Iglesia aprende a vivir la comunión del amor redentor y nupcial del Cordero inmolado, por pura gratuidad del amor de Dios.
Meditación extractada del Documento Teológico de base para el 49° Congreso Eucarístico Internacional 2008: LA EUCARISTÍA, NUEVA ALIANZA.