MARÍA EN LA FE DE LA IGLESIA

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Confesamos que María fue concebida inmaculada,
es Madre de Dios, siempre Virgen,
y fue asunta al cielo.

Dice Jesús: "Tendría que decirles muchas cosas más, pero no podrían entenderlas ahora. Cuando venga el Espíritu de la verdad, los iluminará para que puedan entender la verdad completa".

Evangelio de Juan 16,12-13

"María, ensalzada por gracia de Dios, después de su Hijo, por encima de todos los ángeles y de todos los hombres, por ser Madre Santísima de Dios, que tomó parte en los misterios de Cristo, es justamente honrada por la Iglesia con un culto especial".

Lumen Gentium 66

El alma de la Iglesia

El Espíritu Santo, alma de la Iglesia, la anima constantemente y le ayuda a una comprensión cada vez más profunda de los textos inspirados de la Sagrada Escritura.

Así, la palabra de Dios escrita es siempre palabra llena de vida, capaz de provocar la existencia humana en todas las épocas de su historia, pues "Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre" (Hb 13,8).

El Magisterio de la Iglesia

El concilio Vaticano II nos dice en la constitución dogmática sobre la revelación divina:

"La Tradición y la Escritura constituyen el depósito sagrado de la palabra de Dios confiado a la Iglesia. El oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios, oral o escrita, ha sido encomendado únicamente al Magisterio de la Iglesia, el cual lo ejercita en nombre de Jesucristo" (DV 10).

MAGISTERIO DE LA IGLESIA

Enseñanza del Papa, de los obispos y de los concilios, que interpretan el sentido auténtico de la Escritura y de la Tradición. El tiempo de la revelación terminó con la muerte de los apóstoles. Ahora la Iglesia tiene el deber de guardar, conservar y actualizar celosamente el contenido de la revelación. Eso es lo esencial de Magisterio.

Los dogmas de fe

Corresponde, pues, a la iglesia: "Conservar el buen depósito' mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros" (2 Tim 74).

Comunicar "la inescrutable riqueza de Cristo y esclarecer cómo se ha dispensado el misterio escondido desde siglos en Dios, creador de todas las cosas" (Ef 3,8-9).

Esta es una de las razones por las Que existen en la fe cristiana los llamados «dogmas de te», verdades religiosas contenidas en la palabra de Dios escrita, o con base sólida en ella, o en la Tradición, que forman parte esencial de lo que creemos y que la misma iglesia declara como tales.

Al ser doctrina proclamada por el Magisterio eclesiástico, debemos prestar nuestra adhesión total a ella.

DEPÓSITO DE LA FE

Esta expresión se refiere ala Palabra de Dios contenida en la Sagrada Escritura y en la Tradición, custodiada por la presencia del Espíritu a través del Magisterio de la iglesia.

Confirmar la fe de los fieles

Un dogma es, por tanto, una afirmación de fe, que capta con mayor profundidad ios contenidos de la revelación.

De este modo, la Iglesia responde a lo que Dios ha manifestado, explicando las riquezas guardadas en el depósito apostólico.

Las formulaciones dogmáticas pretenden definir un aspecto u otro de la Escritura o Tradición*, según las circunstancias históricas que vive la comunidad eclesial:

A veces contrarrestan doctrinas heréticas (cf.i Tim 1,20-21). Otras veces confirman lo que la fe de los fieles ha creído siempre, con el fin de que todos estemos "siempre dispuestos a dar razón de nuestra esperanza a todo el que pida explicaciones" (1 Pe 3,15).

TRADICIÓN

La noción de tradición es fundamental en la iglesia. Es la principal responsabilidad de los apóstoles: transmitir fielmente lo recibido de Jesús. Para eso gozan de la fuerza de la presencia del Espíritu. Jesús no escribió nada. Deja una tradición oral que posteriormene se va escribiendo. Escritura y tradición son inseparables. La Tradición de la Iglesia está contenida en la Escrituras y en la práctica eclesial y aceptada en los Padres, en los concilios y en la enseñanza permanente de la Iglesia.

La doctrina mariológica

Los dogmas marianos son definiciones que tienen raíces bíblicas, pero también son expresión de una experiencia del misterio de Cristo, una experiencia de la comunidad cristiana, en la que el conocimiento de Jesús lleva al conocimiento de su madre.

La doctrina mariológica de la iglesia no solamente nos da a conocer con más profundidad a María, sino a la misma comunidad eclesial que la venera. Por lo demás, la devoción y piedad marianas siempre aparecen unidas al misterio de Cristo.

María en la Sagrada Escritura

El Espíritu Santo es el autor de la Sagrada Escritura; también es la garantía de la unidad del proyecto de Dios manifestado en ella.

Por eso los textos marianos deben ser entendidos e interpretados en el conjunto de las demás verdades manifestadas en la palabra divina (cf. DV 16); así, puede afirmarse que la verdad sobre María se descubre desde el Génesis hasta el Apocalipsis.

Los cuatro dogmas marianos

Por lo mismo, los dogmas marianos no son realidades aisladas, como privilegios con los que María ha sido agraciada, sino que se relacionan y se entienden uno a la luz de Jesús, su Hijo. Son el resultado de frutos especiales del Espíritu Santo con los que la madre de Jesús ha sido favorecida, lo cual podría expresarse de este modo:

María de Nazaret fue elegida desde siempre y consagrada para ser la madre virginal del Hijo de Dios, elección a la que ella corresponde con fe y amor hasta el final:

·    Maternidad Divina

·    Virginidad perpetua

·    Inmaculada Concepción.

·   Asunción a los cielos.

Estos son los cuatro dogmas marianos definido, por la Iglesia. Ellos representan los puntos culminantes sobre la verdad de María

DEFINICIÓN DOGMÁTICA

Grado último de decisión del Papa o de un concilio ecuménico unido al Papa, por el que se declara definida, precisada, determinada la manera de entender un aspecto de la fe. Es un acto extraordinario del Magisterio.

El misterio de María

Para acercarnos al misterio de la madre del Hijo de Dios es necesario integrar varios elementos, a saber:

·    Los datos históricos proporcionados por los Evangelios.

·    La doctrina de los santos Padres que reconoce y valora la persona de María y su actuación en la historia de la salvación.

·    La piedad y el culto que los fieles le han tributado.

·    Las manifestaciones de su presencia en momentos importantes de la vida de la iglesia, de comunidades o de personas.

Del libro “María, Portadora de Jesús” editado por la Vicaría de Pastoral y Vicaría de Laicos de la Arquidiócesis Primada de México.  Volumen 4 del Primer Ciclo  de la Serie “Formación Básica para Agentes de Pastoral”, México 2006.