LA MAGIA EN NUESTROS DÍAS

Desde el origen del hombre hasta el momento presente, una de las cosas que siempre lo han acompañado es su deseo de trascendencia y, al mismo tiempo, su deseo de dominar todos los elementos tanto de la naturaleza como de aquellos que están por encima de sus humanas capacidades.

Ante semejantes pretensiones, uno de los caminos más antiguos y latentes en la historia de la humanidad ha sido la magia, la cual cabe en todos los momentos y circunstancias de la vida de los hombres.

Magia y hechicería son dos términos usados en el más amplio y variado de los sentidos para ideas prácticas, impresiones y ritos, hechos invocados y deseados, temidos o aborrecidos, acontecimientos maravillosos, extraños e inexplicables, que van desde los ritos simbólicos de los hombres más antiguos hasta los de nuestros tiempos. Por medio de la magia y la hechicería se suscitan en el hombre estados de ánimo de fascinación, de sugestión, y de esperanza. Podemos reconocer que no hay nada en la vida de la naturaleza y de la historia humana que no presente un toque de encantamiento, que no esté penetrado por una magia sutil.

Entre el hombre primitivo y el de nuestra época, cabe suponer la existencia de ideas y concepciones que, a pesar de ciertos cambios y aparentes mutilaciones, se encuentran presentes en la mente del hombre moderno.

Si quisiéramos formarnos una idea aproximada de la mentalidad del hombre primitivo y de sus notas más características, nos daríamos cuenta de que éstas derivan, como es natural, del medio ambiente, de sus condiciones de vida y de sus antecesores.

El principio vital del individuo se identifica y multiplica con el de los animales, las plantas, las estrellas, con todo aquello con que vive en una relación continua y recíproca. En este entorno, el hombre primitivo se desarrolla y para él no existen límites de personalidad, puesto que su individualidad no está limitada ni definida, debido a que no es consciente de ella. Podemos decir que vive en un mundo mágico, en donde todo el cosmos, todo lo que lo circunda aparece como animado y viviente.

En un contexto en el que no es fácil establecer los límites entre lo real y lo irreal, todo parece igualmente posible: temible o adorable. Es el mundo poblado de una continua angustia, de un deseo ilimitado y de una fantasía sin fin, en donde se puede dar cada día el cambio de una ley dictada por el temor y la necesidad de defensa.

Así se delinean las dos tendencias fundamentales de la magia: una consiste en la búsqueda de la ayuda sobrenatural para lograr la protección, es una magia social y constructiva; la otra tendencia representa una evasión contra la ley, que impide libertad de acción y prohíbe toda manifestación del instinto. Es una forma de evasión antisocial y contra la legalidad establecida'.

Ante la angustia de la muerte, el hombre quiere defender su vida por todos los medios y proteger su existencia con los remedios más eficaces. Trata por todos los medios de descubrir el motivo de la interrupción de la vida y supone que la primera causa sea un acto arbitrario de un agente externo. Considera que el origen de la vida y de la muerte está en todas las cosas próximas o remotas fuera del alcance de su voluntad, que él imagina que lo influyen y afectan. Piensa que los animales, plantas y estrellas son cómplices o participantes en los acontecimientos de la vida y al mismo tiempo ejercen su influencia beneficiosa o maléfica: "de aquí deriva la necesidad de rodearse constantemente de un sistema total de defensa estimulando e invocando las manifestaciones benévolas y favorables y evitando o cambiando la dirección de las influencias nefastas".

En el mundo mágico domina el temor del peligro lejano y siempre próximo; es el temor a lo desconocido y al mismo tiempo es el deseo de seguridad y de obtener beneficios. La naturaleza misma se convierte para el hombre en un adversario con el que constantemente hay que estar en una lucha activa; lo mismo los astros parece que rigen la vida de los hombres. En este tipo de condiciones el hombre siente la urgente necesidad de encontrar un instrumento que lo proteja ante todas estas realidades.

Para comprender la evolución de la magia, hemos de decir que desde el punto de vista psicológico la característica más importante es la preexistencia de un estado de ánimo especial en el que se suscita y sobre el cual ésta se funda; es un estado psicológico en el que las facultades críticas no han nacido, han sido abolidas o notablemente disminuidas; en cambio, los poderes afectivos e imaginativos son excitados, por los mismos o diferentes motivos, hasta el máximo grado de intensidad: a este estado de ánimo se le llama encantamiento.

El hombre encuentra la primera forma del hechizo mágico en la naturaleza misma: la luz, la música, los colores, las flores, los perfumes, etc. Del encanto de la vida y de la muerte en la naturaleza, y buscando protección o evasión, el hombre extrae el ejemplo y la enseñanza. La experiencia enseña al hombre primitivo los medios para dirigir las fuerzas adversas, pues del mismo modo que espanta a los animales se dirige a los seres malignos sobrenaturales.

Con lo que hemos apuntado, pudiera dar la impresión de que la magia no es otra cosa que un tipo de religión. Cabe decir, sin embargo, que entre magia y religión hay una clara diferencia, pues mientras que la magia trata de manipular las fuerzas tanto de la naturaleza como las llamadas fuerzas sobrenaturales mediante la intervención de los magos, para obtener el beneficio o la ausencia de éstas; en la religión podemos descubrir que el movimiento no es hacia las fuerzas de la naturaleza, sino que se trata de una relación divinidad-ser humano y viceversa. En la religión, fundamentalmente se pretende conocer la voluntad divina y al mismo tiempo aceptarla. Si bien es cierto que hay elementos que son muy cercanos a los de la magia como pudiera ser el uso de oraciones, ritos, gestos y símbolos, éstos tienen la finalidad de implorar la bondad divina, mas no de manipularla.

Sin embargo, aunque en el plano teórico esto esté bien definido, resulta que en la práctica nos encontramos con que se da una serie de mezclas de elementos de tipo mágico y religioso en ambas partes. Así, no es de extrañar que dentro de la misma práctica de la religión católica nos encontremos un sinnúmero de elementos que siendo propios de la religión se vean más cercanos a prácticas y fines mágicos, o al revés.

Todo esto revela que, a pesar de que vivimos en una época en donde los avances científicos, tecnológicos, médicos, humanistas, etc., han ido aclarando cada vez más el origen de muchos de los males que antes eran atribuidos a fuerzas de la naturaleza o fuerzas sobrenaturales, la naturaleza humana se sigue manifestando con las mismas limitaciones y tendencias que fueron propias del hombre primitivo, y se sigue buscando maneras de obtener seguridad y un futuro basado en elementos mágicos.

¿Cuáles son algunos de estos elementos que podemos mencionar como reales en la sociedad actual?

1. Así como las ciencias y la tecnología cada día se han ido desarrollando, también las variadas formas de magia se han ido tecnologizando, y así encontramos que la magia ha ido tomando un sinfín de caretas como son: la adivinación, las lecturas de tarot, lecturas de café, horóscopos, numerología, cadenas psíquicas, etc.

2. En este mundo globalizado, también las prácticas y los instrumentos mágicos se han ido globalizando y así nos encontramos con un sincretismo de elementos provenientes desde las culturas indígenas de nuestro México, hasta los elementos que nos llegan de comunidades africanas u orientales: así tenemos santería, lecturas de nuestro karma, etc.

3. Podemos mencionar, dentro de este mundo mágico moderno que nos bombardea toda la cuestión de remedios mágicos para todas las enfermedades, aspiraciones y necesidades, entre los que podemos contar: remedios para mejorar las relaciones de pareja, para lograr un pronto matrimonio, para obtener dinero, para evitar las personas envidiosas, para obtener buena suerte, para conseguir pareja, para conocer la fidelidad de la pareja, etc.

4. Gran cantidad de amuletos se nos ofrecen, desde aquellos que pueden provenir del fruto de alguna planta (ajo); de algún animal (colmillos, patas, etc.) hasta una abundante variedad de cristales (gemas) a los que se les atribuyen poderes especiales.

5. Se recomienda por todas partes el uso de inciensos, aromaterapias, y cosas por el estilo, con el fin de atraer buenas vibraciones y alejar cualquier tipo de envidias o vibraciones negativas.

6. Se ofrece una gran cantidad de oraciones y se recomiendan santos especiales para ciertos tipos de situaciones o necesidades. Así san Cipriano defiende de toda clase de males, san Antonio de Padua protege a las parejas y al matrimonio. Incontables oraciones con carácter mágico circulan para obtener dinero, contra los malos vecinos, para obtener "milagros imposibles", etcétera, etcétera.

7. Los sacramentos y sacramentales no quedan libres de verse, en no pocas ocasiones, como acciones o elementos de tipo mágico y no como instrumentos de la gracia de Dios. Así, hay quien con ese carácter mágico, protector, busca el agua bendita, los ramos del Domingo de Ramos, las imágenes de Cristo, la Virgen y los Santos, y la misma Eucaristía. Para muchos, si acudieron a la eucaristía les irá bien, pero, si no fueron ese domingo, algo les va a pasar, etc.

8. Muchas personas que buscan la ayuda de un mago (brujo, hechice­ro, etc.) al contemplar en esos lugares imágenes de Cristo, la Virgen María y los Santos, lo mismo al escuchar el rezo de ciertas oraciones, como el Padrenuestro, el Avemaría, el Credo, etc., llegan a la conclusión de que aquello es algo totalmente de acuerdo con la fe, puesto que ahí hay objetos que también son utilizados en el culto religioso. En realidad, nos encontramos con el uso de algunos elementos con un valor ambivalente.

Podemos concluir que esta realidad de la presencia de la magia en nuestros días, se nos presenta como un verdadero reto de tipo pastoral a quienes profesamos la fe en Jesucristo, único Salvador de los hombres.

Aunque pareciera que la cuestión de la magia y todo lo que con ella se relaciona ha sido cosa de sociedades primitivas o ignorantes, se pone en claro que se trata de una realidad presente y muy arraigada en grandes sectores de nuestras sociedades, pues no sólo se presenta esta fenomenología dentro de los ambientes católicos, sino dentro de cualquier tipo de grupo tanto de bajo como de alto nivel cultural.

Este trabajo se ha limitado a contemplar algunos aspectos de cómo se hace presente la cuestión de la magia en nuestro tiempo llamado postmoderno. No hace ningún juicio de valor acerca de esta fenomenología, pero, ciertamente, el hecho de encontrar esos fenómenos como botones de muestra, nos debe llevar a realizar un adecuado discernimiento desde nuestra fe, como miembros de la Iglesia, para poder dialogar con estas realidades y buscar los adecuados caminos para reorientar todo este potencial hacia Aquel que tiene todo poder en el cielo y en la tierra (Mt 28,18).

Extractado de un artículo de Ramón González Ramos, estudiante de Teología en la Universidad Pontificia de México, aparecido en la revista Kyrios, órgano de difusión del Centro de Investigación y Entrenamiento en Pastoral, en su número 15 de Julio de 2003., México.