LA LIBERTAD NO ES COMO LA PINTAN

Cada generación de jóvenes tiene sus retos, características y libra sus muy particulares batallas. Ante los cambios socioeconómicos que nos ha tocado vivir, y ante una globalización que privilegia la lógica del poder, el dinero y el mercantilismo, persiste la amenaza de una sutil manipulación de la juventud, con base en su búsqueda de respuestas, en su idealismo, así como en su justa y válida proclama de libertad. Pero, ¿hasta que punto esta libertad de los jóvenes se respeta y se vive realmente?

Cuando uno es joven, cree poder afrontar con cualquier cosa, y cuando la madurez llega, uno simplemente se deja aconsejar por ella.

Se corre el riesgo de decir con demasiada facilidad que: «todo tiempo pasado fue mejor... en mi época esto, o aquello»". La realidad es distinta como lo son las generaciones y sus propias luchas.

Es un hecho que la juventud escucha con dificultad opiniones, consejos y reflexiones de los mayores por su afán natural de vivir con intensidad, sin límites, sin represión de ninguna índole; en su ideal por cambiar el mundo, o cuando menos por no dejar que el mundo interfiera con sus ideales. 

Esto es, totalmente válido, así lo vivimos nosotros, así lo viven nuestros hijos y seguramente así lo vivirán los hijos de nuestros hijos.

No es al reprimir, limitar y asfixiar a los jóvenes como se les muestra el camino. Es al confiar en ellos, en las semillas que les fueron sembradas en la infancia, en su capacidad de discernir entre el bien y el mal, y actuar en consecuencia. No podemos olvidar que los jóvenes tienen derecho a cometer errores.

Por supuesto quisiéramos preservarlos del error, protegerlos del sufrimiento, alejarlos del fracaso, pero esto no siempre es posible.

Sabemos que actualmente se vive una circunstancia de cambio en la que caen por tierra los valores, como si todo lo nuevo fuera siempre lo mejor. Pero en este cambio no terminan por emerger con claridad los valores que habrán de ocupar los vacíos. Estos huecos se suelen llenar con angustia, confusión, ansiedad....

La globalización es motivo de gran preocupación; de las pequeñas sociedades a las que estábamos acostumbrados, se pasa a los macro grupos humanos; de los valores adquiridos en nuestro pequeño entorno pasamos hacia los que nos imponen desde fuera, en la mayoría de los casos con base en la lógica del poder, del dinero, la explotación del desprotegido.

Allí es donde los jóvenes pueden confundirse y seguir en forma ingenua el comando de una supuesta libertad: Eres libre de hacer lo que quieras.

Pero, ¿Qué es ser libre en realidad? ¿Lo son los jóvenes o es sólo una ilusión mantenida por conveniencia? Quizá la juventud no sea tan libre como supone, tal vez sea sutilmente manejada sin que realmente se percate.

La palabra libertad tiene su raíz en el vocablo latino "líber". En la antigua Grecia, cuando un joven alcanzaba la madurez sexual y se incorporaba a la comunidad como hombre capaz de asumir responsabilidades, participaba en una ceremonia en la que se le imponía la toga libera. Un joven libre es antes que nada pues un hombre responsable.

A lo largo de la historia, la libertad ha tenido diversas interpretaciones, libertad para autodeterminarse, para elegir, para hacer o dejar de hacer algo.

Enfoquemos por ejemplo el caso de la angustia, que en una soledad existencial, enraíza mecanismos que llevan al hombre a tenerle miedo a su libertad, y a entregarla por una aparente seguridad de pertenencia a un grupo.

Fromm explica que al nacer, el niño es arrojado del paraíso del vientre materno donde estaba cómodo y protegido. En ese momento, experimenta una terrible angustia existencial que habrá de acompañarlo durante toda su vida, a menos que logre resolverla a través del amor.

Por eso el niño siempre irá en busca de quien lo reciba: primero la madre, luego el padre, más tarde una pareja y el grupo social, buscará la colectividad para no sentirse solo, y en su exploración, podrá caer en sustitutos que, lejos de resolver su soledad existencial, pasada la experiencia efímera, lo hunden en un mayor abismo.

Aquí podemos visualizar con claridad el fenómeno que explica el mecanismo de control sutil sobre el ser humano y particularmente sobre la juventud, que sin darse cuenta, suele engancharse peligrosamente.

Podemos ver cómo un muchacho para no sentirse solo y ser aceptado en un grupo social, se viste como todos, usa las marcas aceptadas, que dan "prestigio"; adopta conductas, actitudes y un lenguaje que lo identifiquen con el grupo, todo para no sentirse segregado. Empeña muchas veces su individualidad con tal de no sentirse fuera del "rebaño". ¡Ay de aquel que se atreva a ser diferente!

No es posible encontrar en estas prácticas la respuesta a la soledad que todos hemos experimentado alguna vez, la única forma de enfrentarla es a través del verdadero encuentro con el otro. La mirada que construye y que también permite incidir en el prójimo, esto implica humanizarnos mutuamente.

¿Cómo va a aprovechar esta necesidad de pertenencia, el comercio, el mercantilismo, el aparato de consumo y el poder ?

Salta a la vista la estrategia del consumismo y el control, la creación de paraísos artificiales, de necesidades absurdas, modas, productos anzuelos y sustitutos que nos enganchan de forma tan imperceptible que, de pronto estamos inmersos en una red de pegajosas convenciones sociales.

Muy pocos jóvenes se atreven a ser diferentes. Porque ser diferente puede ser doloroso, te etiquetan, eres la oveja negra, o eres el que altera todos los órdenes socialmente aceptados.

Por supuesto que siempre han existido y existirán jóvenes libres que elijan salirse de ese círculo "protector", seguir su propia ideología y hacerla valer en su vida, incluso con orgullo. Pero aún en estos casos, se pueden caer aprovechando el idealismo propio de la juventud,en  intenciones dirigidas ventajosamente.

Un ejemplo, antes la mezclilla era usada preferentemente por la clase obrera; pero ahora, se cotiza tan cara en el mercado que no todos pueden acceder a ella, sin embargo, el joven que no usa jeans, está fuera del grupo; así, determinado tipo de camiseta, de lentes, de tenis, etc.. No sólo entre la juventud, el mercado tiene sus grupos humanos perfectamente ubicados.

O también ¿qué les parece el caso de la moda femenina?. Esos horrendos zapatos de punta aguda como de Aladino. -¡Fuera del ropero los otros zapatos, no están de moda, hay que comprar nuevos!- Aunque al principio muchas mujeres decían: ¡Qué horror, jamás los usaré! 

Poco a poco se van sintiendo expulsadas del grupo social y un día, sin darse cuenta, ya compraron los zapatos puntiagudos porque "¿No se ven tan mal, verdad? y ....pues son cómodos" y la mercadotecnia sigue controlando a su antojo. Aunque banal, el ejemplo opera en el campo de los valores, actitudes y conductas desechables, según lo exija la moda.

Resulta que en esta sociedad operan sofisticados mecanismos que enganchan nuestra libertad desde pequeños, nos van marcando los patrones de conducta que convienen a la lógica del poder y del dinero.

¿En dónde quedó entonces la libertad?

Y a pesar de todo, existe. Somos muchos los que lo creemos y tomamos la opción por la vida. Yo creo profundamente en la libertad y estoy seguro que con base en ella y en el amor, encontraré la respuesta.

Por supuesto que hablo del amor en su sentido más amplio y profundo, más allá de concepciones románticas o fantasías. Hablo del amor como una actitud activa, creativa y propositiva de vida, con base en el respeto, el cuidado, la responsabilidad y el conocimiento de aquello que amamos.

Finalmente creo, que CON EL SUSTENTO DE LA FE como certeza de vida, los jóvenes, que al final son quienes hacen girar la espiral ascendente, provocan el cambio y el avance en un proceso teológico que nos trasciende y del cual TODOS FORMAMOS PARTE de una manera insustituible y necesaria.

Adaptada por el C. M. Alfonso Marín, basado en el artículo “La Libertad no es como la pintas” de Yolanda Zamora, aparecido en Mirada, número 13. Revista Jesuita de Espiritualidad y Desarrollo Humano. Guadalajara, Jalisco, México 2005.