LA VIDA CRISTIANA

No se puede hablar del seguimiento de Cristo, del discernimiento espiritual, del proceso de la vida cristiana de la fraternidad, de la oración, de la espiritualidad cristiana en general sin entrar a fondo en lo que es la vida en Cristo.

La vida en Cristo da pie a muchas interpretaciones, siendo muy frecuente la del perfeccionamiento de la persona en sus actitudes y en sus comportamientos teniendo a Cristo como el paradigma de la vida.

Son muchos los textos sagrados que nos hablan de ser en Cristo, San Pablo no se cansa de repetir la expresión de «ser en Cristo»; utiliza 164 veces la fórmula «en Cristo».

Afirma que el cristiano es (existe) en Cristo (1 Cor 1,30; Rom 8, 1); que el que está en Cristo es nueva criatura (2 Cor 5,17), es uno en Cristo Jesús (Gál 3,28) y está santificado en Cristo (1 Cor 1,2). Según la revelación, este cambio es una profunda realidad en el cristiano, que debe ser asumida y vivida.

Esta realidad nueva del ser cristiano, que san Pablo formula con la expresión «ser en Cristo», san Juan la presenta con las expresiones «nacer de Dios» (1 Jn 2,29; 3,9; 4,7; 5,1.18), «ser de Dios» (1 Jn 4,4.6; 5,19) y «permanecer» (1 Jn 2,5.6.24.27; 3,6.24; 4,12.13.15.16; Jn 6,56; 15,4-10),

¿Por qué utilizamos tanto los términos que se refieren a Cristo, como: «ser en Cristo», «estar en Cristo», «vivir en Cristo», «Cristo en nosotros», «nosotros en Cristo», y, además, afirmando que es lo más radical de la vida cristiana? 

No se puede prescindir del Misterio pascual como fundamento de la vida cristiana. Para todos es conocido que Jesús, en su muerte y resurrección, llevó a cumplimiento la obra de salvación que le había confiado el Padre; y que toda la novedad de la vida cristiana, que es ser criatura nueva, es participación de la Pascua del Señor: «resucitados con Cristo» (Col 3,1), «vivificados con Cristo» (Ef 2,6), «resucitados y glorificados con Cristo» (Ef 2,6), «hijos y herederos con Cristo» (Rom 8,17).

La vida cristiana cuenta y debe contar necesariamente con la relación con Cristo.

Resulta evidente que para explicar el sentido del «ser en Cristo» recurramos al tratado de Gracia, el punto de partida para entender el «ser en Cristo», la nueva relación entre Dios y el hombre, es la gracia. Gracia designa ante todo una relación, un encuentro, una ruptura de compartimentos entre lo divino y lo humano. Gracia significa que Dios se ha abajado, ha condescendido con el hombre; que el hombre se ha trascendido hacia Dios; que, por consiguiente, la frontera entre lo divino y lo humano no es impenetrable, sino que se ha tornado permeable, y que en fin, todo esto acontece gratuitamente. Dios no tiene ninguna obligación de tratar así al hombre; el hombre no tiene ningún derecho a ser tratado así por Dios.

El dato fundamental en el cambio de la relación entre el hombre y Dios, es el don que Dios hace de si mismo.

Esta autodonación de Dios, que es llamada gracia increada es el factor radical de la regeneración del hombre nuevo.

Al plantear la relación entre el «vivir en Cristo» y el «ser en Cristo», señalamos:

o   Está a la vista la importancia del «ser en Cristo» propio del cristiano. Hacemos notar que:

§    el cristiano es en Cristo (1 Cor 1,30),

§    es nueva creación (2 Cor 5,17),

§    es uno en Cristo (Gál 3,28), 

§    es de Dios (1 Jn 4,4),

§    ha nacido de Dios (1 Jn 2,29), es hijo del Padre (1 Jn 3,1),

§    es hermano en Cristo (Rom 8,29),

se ha debido a que buscamos la novedad de la vida en Cristo, lo que es «vivir en Cristo desde nuestro «ser en Cristo». No perdamos de vista la tendencia, siempre latente, de plantear lo que es «vivir en Cristo» desde la proyección humana.

o   El «ser en Cristo» equivale al «ser Cristo en nosotros» y a «vivir en Él». La nueva condición del «ser en Cristo» es participar del ser mismo de Cristo como Hijo encarnado del Padre. Este nuevo ser divino «introduce al hombre en el misterio personal de la vida trinitaria y le pone en relación personal con el Padre de Cristo y con el Espíritu de Cristo».

o   Se es en Cristo y en Cristo se vive su vida, que es trinitaria. Esta es la realidad, ser y vivir en Cristo es la misma realidad:

§«y no vivo yo, es Cristo quien vive en mÍ» (Gá12,20);

§«y vuestra vida está oculta con Cristo en Dios» (Col 3,3);

§«Quien tiene al Hijo, tiene la vida» (1 Jn 5,12).

o   ¿Cómo se entiende «vivir en Cristo»? ¿Soy yo quien vivo en Cristo? Pero ¿no es «Cristo quien vive en mÍ»? Cuando amo a Dios, ¿se trata de un amor mío, o se trata del amor de Dios en mi persona? La explicación es clara: la respuesta de amor que doy en la vida es mía, procede de mí y no de otro en mi lugar; soy yo el protagonista real.

o  Sin embargo, vivo en Cristo, y actúo desde mi ser en Cristo. Soy yo el que ama, pero desde mi ser en Cristo, que es Hijo y Hermano.

o   Como conclusión, hacemos nuestra la siguiente valoración: «Estar en Jesús y participar de la vida que él tiene y es, recibida a su vez del Padre, es el centro y el fundamento de la existencia del creyente, y la máxima plenitud a la que el hombre puede aspirar».

Exposición basada en un tema propuesto por el libro “Teología Espiritual” de Saturnino Gamarra de la Biblioteca de Autores Cristianos.