La conversión
Ahora que estamos iniciando la Pascua, y que leemos en los Hechos de los Apóstoles sobre el proceso de conversión de los cristianos, los invito a reflexionar sobre este tema.
Sabemos que el bautismo obra en el bautizado una transformación radical y asombrosa. Antes del bautismo, éramos sólo "animales racionales", así nos define el diccionario, aunque seguramente cualquier observador extraterrestre que contemplara lo que está pasando hoy en día en el mundo, suprimiría lo de "racionales" y colocaría otros adjetivos como: feroces, injustos, destructivos, , abusivos, lujuriosos, ofuscados, desenfrenados, etc..
Pero
lo cierto es que el bautismo, a pesar de todo, transforma al animal "racional"
en verdadero hijo de Dios, con vida divina, destino eterno, y una asombrosa
incorporación a Cristo. Y aquí surge una pregunta muy lógica: Si es verdad que
el bautismo nos transforma en santos, ¿por qué nuestra conducta no llega ni a
razonable?
El motivo parece ser este: En la iglesia primitiva, primero se evangelizaba a un adulto y cuando éste había creído en el mensaje de salvación y se había CONVERTIDO, entonces se le bautizaba y luego comenzaba a vivir su bautismo.
Ahora,
primero se bautiza al niño, luego se le hace vivir como pagano, en la mayoría de
los casos, crece en un ambiente totalmente descristianizado y lleno de maldad; y
tal vez algún día alguien lo evangelice y crea realmente en el mensaje; y puede
ser que entonces se convierta...
Lo peor del caso es que ese niño bautizado, que vive y se desarrolla en una situación de pecado, va creando malos hábitos de todas clases, imitando lo que ve; y se hace al molde que lo rodea, que es la irreligiosidad, el olvido de Dios, la falta de fe, la ignorancia, la confusión de valores, la obsesión por el dinero, por el sexo, por el poder, por las apariencias; o tal vez crece en medio del resentimiento social, de la envidia y del odio...
Esa es la tragedia: el invitado al "banquete de las bodas" ni siquiera recibe su invitación, porque no hay quien se la entregue. Y en lugar de saciarse de los bienes divinos y vivir en el gozo de las promesas magníficas, vive en la miseria y comiendo "manjar de puercos"...
Podríamos deducir que:
· Por eso es tan difícil llegar a ser santo, a pesar de haber sido santificado previamente
· Por eso no nos amamos habiendo participado de la naturaleza de Aquel que es AMOR
A
pesar de que en casi todos los bautizados se repite la misma triste historia,
hay algunos, que sí viven en la dimensión gloriosa de la fe y la vida de Jesús,
en ellos es algo constatable y admirable. Es digno de alabanza Dios al ver su
amor, su entrega, su rectitud, su paz, su elevación espiritual, su santidad...
Y si ellos lo han logrado, ¿por qué no lo vamos a lograr los demás, tú o yo? Todos podemos, si así lo decidimos, vivir la vida de Jesús que está en nosotros. Porque nuestro Bautismo está allí, en cada uno de nosotros, como un cheque que jamás pierde su valor y que sólo espera ser cobrado para volverse "efectivo".
Normalmente, el proceso a seguir para "cobrar ese cheque" es el siguiente:
· Una buena EVANGELIZACIÓN. Que no es instrucción o información religiosa, sino una EXPERIENCIA del amor salvífico de Dios. Esta experiencia se obtiene cuando alguien, QUE YA LA HA VIVIDO, te habla de las "buenas noticias" de nuestra salvación en Cristo, y te pone en contacto con una comunidad de cristianos que viven su fe, en la oración constante y el amor fraterno. Una experiencia como esta la puedes vivir cuando realizas un Retiro Ignaciano como los que organizamos periódicamente en la Casa que tenemos en Tlalpan.
· En
muchas iglesias podrás hallar diversas comunidades, grupos o asociaciones
religiosas que viven de su fe y son un buen ejemplo, sin embargo, yo te
recomendaría que conocieras nuestras Congregaciones Marianas, si vives en
México, D. F. estamos en la Colonia Roma. Aquí tenemos por lema: A Jesús por
María.
· Como respuesta tuya a la EVANGELIZACIÓN, que es la palabra de un TESTIGO, y a la vivencia en una COMUNIDAD DE FE, abrirás tu mente y tu corazón a la experiencia de un ENCUENTRO CON LA PERSONA DE JESÚS, reconociéndolo y aceptándolo como tu ÚNICO SEÑOR Y TU ÚNICO SALVADOR; es decir, tu única esperanza de cambio, de transformación, de santificación de tu vida.
El verdadero cristianismo no es una serie de dogmas que has de creer, un conjunto de normas que has de cumplir, y un lista de ritos que has de practicar; sino una ¡PERSONA a la que has de seguir: ese Jesús que está vivo, que está "con nosotros hasta la consumación de los siglos", y al cual "Le ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra" (Mt 28,18-20).
Ese
Jesús presente, actuante y poderoso, es quien va a efectuar tu cambio de vida;
se hará con su fuerza y no con tu debilidad, con tal de que creas en Él y te
pongas en sus manos con humildad y con sinceridad.
Ese Jesús será la luz que, al entrar en tu vida, disipará tus tinieblas, a condición de que le "abras tu puerta" de par en par.
Este aceptar a Jesús en tu vida, este hacer de Él tu Maestro, tu Camino, tu Pastor, tu Luz, tu Amigo y el centro de tu vida, es lo que llamamos en lenguaje cristiano "LA CONVERSIÓN".
Adaptada de una reflexión propuesta por el R. P. Ricardo Zimbrón Levy, M. Sp. S. en su excelente libro “El Camino Espiritual”. obra en tres volúmenes de Editorial La Cruz, México 2000.