JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA

Tú, del que apenas si se sabe algo más de lo que se dice en 14 líneas del evangelio:
que eras descendiente de Jacob
que eras esposo de María
que eras un hombre justo
que pensaste en abandonarla para no ponerla en evidencia
que no dudaste en recibirla en tu casa
que le pusiste Jesús al hijo de María y del Espíritu Santo.
Tú, que no nos dejaste ni un discurso ni una epístola, ni siquiera una declaración a la prensa:
dinos ahora cómo se vive siendo el número dos: es decir, cómo se hacen cosas fenomenales desde un segundo puesto...
dinos cómo es imposible y ridículo y absurdo que todos queramos estar en el primer puesto o ser el número uno...
dinos cómo la inmensa mayoría de nosotros tenemos que ocupar segundos lugares, en los que está nuestra verdadera y oculta grandeza...
convéncenos de que se puede y se debe ser útil, fiel, efectivo y hasta héroe...
enséñanos cómo se es grande sin exhibirse: cómo se lucha sin aplauso: cómo se avanza sin publicidad: cómo se persevera y se muere sin esperanza de que se le haga un homenaje...
enséñanos qué se hace para ser útil, positivo, generoso sin necesidad de ser importante...
repítenos una y otra vez, especialmente a los maridos, que lo verdaderamente importante no es el que seamos los “jefes" de familia, sino los esforzados, incondicionales y callados servidores de ella...
como tú, JOSÉ, ESPOSO DE MARÍA, lo fuiste de Jesús y de su santísima Madre.
Tomado del Misal Mensual de Marzo de 2010, editado por Buena Prensa.