Interpretaciones
Cuando nos reunimos con otras personas, es muy común que platiquemos de acontecimientos que hemos visto, de personas o lugares que hemos conocido, de vivencias que hemos tenido.
En esto tenemos que distinguir tres niveles. La realidad, el hecho tal como sucedió, la persona como es. Mi percepción de esa realidad, mi experiencia de lo que pasó. La narración de lo que percibí, la interpretación que hoy hago de mi experiencia pasada.
No es
posible hablar de un episodio de la historia sin, al mismo tiempo,
interpretarlo. Ningún noticiero o periódico nos transmite los hechos tal como
son, sino la interpretación que ellos les dan. Ninguna persona es como los demás
dicen que es.
La narración de lo sucedido en el pasado no sólo describe lo que ocurrió entonces, sino que, además, revela cuál es la situación del presente. Cuando les preguntamos a unos esposos cómo se conocieron, por las palabras que utilizan al responder, por el tono de voz y la carga afectiva con que narran el encuentro, también nos revelan cómo es su relación actual.
Un
acontecimiento, relatado en distintos momentos, tendrá diversas
interpretaciones. Una es la interpretación que le damos al narrarlo pocos días
después de sucedido -en un diálogo, en una carta o en un
diario-,
y otra la que le damos al narrarlo años después -en una conversación o en unas
memorias.
Al narrar una y otra vez nuestra historia, entendemos mejor los sucesos, les damos nuevos significados, extraemos su riqueza o su enseñanza, y podemos descubrir la intervención de Dios en nuestra vida. Incluso otras personas, al escucharnos o al comentar lo que les decimos, pueden ayudarnos a encontrar significados que nosotros desconocemos en algunas acciones de nuestra vida.
Tomado de "Semillas de esperanza, 80" del P. Fernando Torre, M. Sp. S., Editorial La Cruz, México 2006