IDENTIDAD
Cada
vez que nos ponemos en soledad, abandonamos nuestras vidas llenas de viento, de
terremotos, de fuego, y nos abrimos al gran encuentro. Pero con frecuencia, la
primera cosa que descubrimos en la soledad es nuestra propia inquietud, nuestra
impulsividad y compulsión, nuestra urgencia de actuar rápidamente, y a menudo,
se hace muy difícil rechazar la tentación de volver, tan pronto como sea
posible, al mundo "importante" . Pero cuando perseveramos, con la
ayuda de la disciplina, poco a poco llegamos
a escuchar la suave y calmada voz y. a sentir la delicada brisa, y de esta
forma, llegamos a conocer al Señor de nuestro corazón, de nuestra alma y de
nuestra mente. El Señor nos hace ver quiénes somos realmente.
Este
es el mayor don de la soledad Es el don de un nuevo “yo”, de una nueva
identidad con cada uno, y nos hace ver nuestra tarea común, precisamente
porque, en la soledad, descubrimos nuestra verdadera naturaleza, nuestro
verdadero “yo”, nuestra verdadera identidad Este conocimiento de quiénes
somos, es el que realmente nos permite vivir y trabajar plenamente en comunidad
El
autor de esta reflexión es Henri Nouwen