Volver a Principal

Les ofrecemos una profunda reflexión inspirada en un antiguo libro que se encuentra en nuestra Casa de Ejercicios : «Meditaciones según el Método de San Ignacio, Tomo I» del R. P,. Jaime Pons, S. J. editor  Ramón Casals, Barcelona 1943

¡CUAN NECESARIO ES HALLARNOS PREPARADOS PARA LA MUERTE!

«Estad preparados, porque a la hora que menos penséis vendrá el Hijo del hombre» Luc. 12, 40

La muerte es de tal importancia, que de ella depende nuestra salvación o condenación. De aquel solo momento depende una eternidad, de dicha o desventura. Y ¿esperamos morir bien si no nos preparamos? Si debemos hacer algo de importancia nos preparamos con tiempo, a fin de alcanzar buen resultado: ¿es de poca importancia el morir bien?

Los cristianos debemos recordar que sólo una vez moriremos, y si entonces morimos mal, ya no hay remedio; a pesar del escarmiento, no podremos ensayar morir de nuevo para hacerlo bien; si no nos hallamos dispuestos cuando el Señor nos llame, oiremos su voz que nos dirá: «Se acabó tu tiempo».

Por la muerte de la vida temporal pasaremos a la vida eterna. Para que estemos preparados nos dice el mismo Dios que no tenemos momento seguro, y que cuando más lejos nos hallemos de pensarlo, nos acometerá la muerte. Si morimos de repente, ¿nos podremos preparar? Si aguardamos a disponernos y convertirnos en la última hora, ¿lo haremos bien? Con la cabeza débil, tal vez con una afición arraigada a nuestros  pecados  y  a  las  cosas  de  este  mundo  que habremos de dejar, con los temores que nos asaltarán, preocupados y atontados, apenas sabremos lo que hacemos o lo que decimos.

¿Iremos a tener tiempo de confesarnos? ¿Lo podremos hacer bien?; los pecados nos dejarán, pero tal vez no nosotros a ellos como debiéramos, y nuestra conversión podría ser aparente, como lo son muchas en esa hora.

No juguemos así con la suerte eterna; pensemos en todos los momentos de nuestra vida ¿habrá alguno más importante que el de morir?

Debemos disponernos a morir bien por medio de una buena vida. Cuál es la vida, tal es la muerte. Decimos convencidos por la experiencia, porque se percibe como poco probable que muera bien quien vivió mal.

Mientras tengamos tiempo, obremos bien Lo que podamos hacer hagámoslo en seguida, porque en la muerte que se acerca aprisa no hay obrar ni razonar, ni sabiduría, ni juicio. Ahora es tiempo de sembrar, entonces lo será de recoger; sí en vida sembraste pecados, recogerás corrupción, que te llevará al infierno; si sembraste buenas obras, recogerás su fruto, que es la gloria celestial.

Si quieres morir santamente, vive como si no vivieras en este mundo; sírvete de los bienes creados para santificarte.,En vez de tenerles consagrado tu corazón, debiendo dejarlas por siempre al morir, aficiónate mejor a las cosas que duran siempre, a tu Dios y a la dicha que te prepara en el cielo y que has de merecer con las buenas obras de una vida cristiana.

Luego  será  para  ti  la  muerte,  como puerta por la que entrarás a disfrutar de la vida eterna, que nadie te podrá quitar.

Y a fin de que la muerte te alcance en gracia del Señor, sigue su consejo, en todas tus obras, acuérdate de tus postrimerías y seguramente mejorará tu vida.