HABLANDO DEL BAUTISMO
¿Cuál es la diferencia entre el bautismo de Jesús y nuestro bautismo?
El
bautismo recibido por Jesús en el Jordán es un rito de penitencia para la
remisión de los pecados y, en cuanto tal, Jesús no tenía propiamente necesidad
de él.
La manifestación del Padre con la venida del Espíritu Santo, durante la cual es proclamado «Hijo predilecto» (cf. Mt 3,27) y es investido de la misión profética, real y sacerdotal, es la que lo lleva a tomar sobre sí nuestros pecados y los del mundo entero.
Es el inicio del bautismo de la iglesia, del nuevo pueblo de Dios que, con Jesús, sale del agua, sale de la esclavitud del pecado para entrar en la libertad de la vida del Espíritu.
Por su parte el bautismo que nosotros hemos recibido de niños en el nombre de Cristo es la revelación en nosotros del amor de la Trinidad, es el éxodo del pecado a la nueva vida divina, es entrar a formar parte de la comunidad de la Iglesia, cuerpo de Cristo, y así convertirnos en hijos de Dios a todos los efectos.
Todo
bautizado es el hijo esperado sobre el que se posa el Espíritu del Señor. Y así
nosotros creyentes somos llamados, como la primera comunidad cristiana, a dar
testimonio del camino recorrido por Jesús, que es el único que salva al hombre y
lo conduce a la comunión con Dios.
Se trata de vivir un nuevo estilo de vida, que es identificación con una vida en Cristo y en el Espíritu, a la que se accede en la fe, que se experimenta en el amor y, llena de esperanza, se hace visible en la cotidianidad de la vida eclesial.
Por tanto, una vida de auténtica conversión a Dios y a los hermanos, que nos lleva a vivir una existencia guiada por el Espíritu Santo.
Desarrollado basado en el la reflexión propuesta en libro de la "Lectio Divina", Volumen 2, "Tiempo de Navidad", editado por Editorial Verbo Divino, Navarra, España 2004.