HÁBLAME DE DIOS

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En una reunión de familia, a la hora de la comida, un sobrino que tenia unos 8 años, sabiendo que yo era sacerdote, se paró junto a mi y me dijo: «Háblame de Dios». Su petición me cayó en gracia y me asombró. Pero, también me metió en un problema: ¿Cómo hablarle de Dios a un niño?

Para responder a su petición le narré la historia de José en Egipto. Luego le pedí que me la repitiera. Me asombré de que el chiquillo hubiera logrado memorizar tantos datos. Acabada esa historia volvió a la carga: «Háblame de Dios». Entonces le conté sobre la resurrección de Lázaro y le platiqué sobre la parábola del samaritano.

Lo que hice para hablarle de Dios a mi sobrino, fue contarle historias. Me quede pensando en que este género de predicación ahora esta devaluado; ya que preferimos usar discursos abstractos y palabras rebuscadas.

Sin embargo, Jesús para hablarnos de Dios y del Reino, utilizó un lenguaje sencillo que llegaba al corazón, y contó las historias del hijo prodigo, de la oveja perdida y usó las parábolas del grano de mostaza, la levadura, la cizaña, la perla preciosa...etc.

Cuando el pueblo de Israel quería hablar de Dios, se ponía a relatar su propia historia, pues en ella se revelaba Dios a través de sus acciones.

¿Por qué nosotros no hacemos lo mismo? En lugar de buscar complejas definiciones teológicas, contemos la historia de las intervenciones de Dios en nuestra propia vida, en la comunidad, en el mundo.

Los catequistas y predicadores, los padres y los abuelos, todos los cristianos deberíamos tener un buen arsenal de historias, anécdotas, parábolas......, y saber narrarlas de manera amena y sincera.

La gente quiere oír hablar de Dios. Hay anhelo de conocerlo, sed de encontrarlo. Los que hemos tenido la dicha de haberlo conocido, no podemos egoístamente o por desidia quedarnos callados.”

El autor del artículo es el R. P. Fernando Torre Medina Mora M. Sp. S.

A  Jesús  por  María

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